viernes 9 de abril de 2010

Terremotos al acecho

Áreas urbanas que los sismólogos indican que tienen 1 entre 10 posibilidades de sufrir un terremoto en los próximos 40 años. Los colores indican la intensidad. Las ciudades retratadas aquí son urbes con grandes niveles de pobreza, construcciones precarias y más de un millón de habitantes. Incluso un temblor moderado supondría la destrucción de muchas edificaciones. Fuente: The New York Times

A sólo cuatro meses de haber empezado, 2010 parece estar destinado a ser el año de los terremotos. En enero, unas 220.000 personas perdieron la vida tras el seísmo de Haití, el quinto más mortífero de la historia, mientras que 452 fallecieron en el terremoto de magnitud 8.8 que afectó Chile a finales de febrero. La cifra de terremotos contabilizados en lo que va del año asciende a casi treinta, si bien la mayoría no registró víctimas.

El problema es cada vez más acuciante y los expertos están alarmados por la más que factible posibilidad de que grandes terremotos afecten la Tierra en forma próxima. Pero, la magnitud de los seísmos no es la única preocupación. Así lo demuestra la comparación del caso chileno con el haitiano (a pesar de que el terremoto en el país caribeño fue de magnitud 7.0, la cantidad de muertos y daños sufridos fue mucho mayor que la soportada por su par sudamericano). La pobreza, la precariedad de las construcciones y la falta de información de la población, pueden provocar estragos mayores en aquellos países que se encuentran en zonas con riesgos de sufrir seísmos de gran intensidad.

Ciudades que tiemblan

Expertos consultados por la revista «Time» han pronosticado cinco lugares con alto riesgo de sufrir fuertes terremotos en el futuro próximo: Los Ángeles (EE.UU); Tokio (Japón); Teherán (Irán); Indonesia y el noreste de Estados Unidos y Canadá (que podría afectar ciudades como Seattle y Vancouver).

A excepción de Teherán, el resto de los sitios se encuentran en la ruta del llamado «anillo de fuego», una zona en forma de herradura que cubre de punta a punta el Océano Pacífico, desde Nueva Zelanda a Chile, y que concentra algunos de los puntos de subducción (una placa tectónica se va metiendo debajo de otra) más significativos del mundo. El nombre «anillo de fuego» no es aleatoria, teniendo en cuenta que aquí se concentran el 75% de los volcanes activos del planeta y que el 90% de los terremotos del mundo se producen dentro de esta franja.

La glamorosa Los Ángeles podría convertirse en la «próxima Katrina» si se cumple la teoría de los expertos, que esperan un gran terremoto desde hace mucho tiempo. Aunque en los últimos 15 años la ciudad de las estrellas se ha venido preparando para este momento, la información geológica indica que un gran terremoto provocado por la falla de San Andrés ocurre en esta zona cada 150 años. El último de esta proporción, de magnitud 7.9, ocurrió en 1857.

En el mismo problema está Tokio, agravado por la alta densidad de población que registra el país, que sufrió su último gran terremoto en 1923, en el que murieron 150.000 personas. Pero,la mayor dificultadla tienen las zonas menos desarrollas del planeta que están en riesgo de seísmo.

Teherán de mudanza

Uno de los lugares que se encuentra en esta situación es Teherán, capital de Irán, que cuenta con 12 millones de habitantes y es la ciudad más grande de Medio Oriente. El país sufrió en 2003 un temblor de magnitud 6.8 en la ciudad de Bam, que mató a más de 30.000 personas.

Ante este panorama, el gobierno iraní quiere mover la capital hacia un sitio con menor riesgo de seísmo. Los expertos locales sostienen que la ciudad yace sobre cien fallas y que no sobreviviría a un gran terremoto. Roger Bilham, sismólogo de la Universidad de Colorado señaló a «The New York Times» que más de un millón de personas podrían morir si se produjera un seísmo de la misma intensidad al de Haití.

Sin embargo, muchos expresan que no son sólo razones sísmicas las que motivarían esta decisión. Teherán es el epicentro de la lucha entre el régimen conservador del ayatolá Alí Khamenei y lo partidarios de la «revolución verde». El que la ciudad de Qom, hogar espiritual del régimen iraquí, sea una de las propuestas para ser la nueva capital resulta sospechoso para la oposición.

Nuevas armas destructivas

Las casas «son un arma no reconocida de destrucción masiva», señaló el sismólogo Billham al citado periódico americano. El aumento de la población mundial en proceso de urbanización, proyectada a crecer por dos mil millones más para mediados de siglo y exigir mil millones de viviendas, representa una trampa mortal para los países que ocupan zonas de riego de terremotos.

En Estambul, Turquía, hace décadas que se considera inevitable un próximo terremoto que pueda causar una verdadera catástrofe. La población creció de 1 millón a 10 millones de habitantes en los últimos cincuenta años. Los expertos consideran que un terremoto de gran magnitud podría causar en la capital turca una catástrofe de mayores dimensiones a la de Haití. En la misma situación, se encuentran otros lugares como Karachi (Pakistán), Katmandú (Nepal) o Lima (Perú), entre otras.

Predicción de terremotos

«Hoy sabemos dónde van a ocurrir los grandes terremotos pero hasta ahora ha sido imposible predecir cuándo van a ocurrir» declaró a «BBC Mundo» el doctor Luis Rivera, profesor de sismología de la Universidad de Estrasburgo. Sin embargo, los investigadores son optimistas en que esta disciplina logre en el futuro los avances de la meteorología.

Sin ir más lejos, la última década ha registrado importantes logros en la investigación de la «alerta temprana», que ayuda a reducir los efectos dañinos de los terremotos. «Con esta se intentan utilizar los primeros pocos segundos del registro sísmico para predecir el tamaño final del terremoto y mitigar los daños que serán producidos en la infraestructura» sostiene Rivera. A su vez, se han desarrollado varias aplicaciones, como por ejemplo la creación de sistemas de frenado automático de trenes rápidos y de interrupción de generadores nucleares en Japón. También se ha avanzado en la estimación de la magnitud de los grandes seísmos, con el fin de poder predecir los tsunamis.