martes 20 de abril de 2010

La «mala fama» mata al Colegio Arroyofresno


Durante la hora del almuerzo, el colegio público Arroyofresno es un espacio silencioso. Una prefiguración de lo que sucederá en dos meses, cuando el 24 de junio cierre sus puertas para siempre, tras cuarenta años en el barrio Lacoma. La luz se cuela sin reparos por las ventanas e ilumina la acogedora biblioteca, las diáfanas aulas, los pasillos amarillos. «¿Qué hacemos con el Belén, con las fotos, con los recuerdos?», se pregunta la directora, Concha de Hita. Parece mentira que un lugar como este cierre sus puertas por falta de concurrencia.

Unos setenta niños de catorce nacionalidades almuerzan en nueve mesas concentradas en el espacio que antiguamente supo albergar a 1200. El 90% del alumnado es de origen extranjero; una reunión de la ONU en miniatura. Una niña china, con el brazo escayolado, refunfuña porque se perderá la próxima excursión al zoológico, mientras comparte la mesa con sus compañeros rumanos. En dos meses todos serán trasladados a colegios con clases de 25 alumnos. La directora teme por la integración: «estoy preocupada, sabemos que los van a tratar muy bien, pero aquí estamos muy encima de ellos», sostiene.

Fue en el año 1969, cuando el hombre llegó a la luna, que se fundó este colegio al que bautizaron con el nombre de Apolo XI. Un nombre que quiso ser borrado del recuerdo por culpa de la mala fama. Pasó a llamarse Arroyofresno, pero no hubo caso. Ante el establecimiento de los poblados chabolistas de la Quinta y Pitis en la década de los ochenta el centro educativo comenzó a ser considerado marginal y ,con el paso de los años, la disminución de alumnos se acrecentó. Los habitantes de los poblados fueron realojados en otras zonas pero, ante el crecimiento del alumnado de origen extranjero, el colegio continuó su involuntario aislamiento. El error, señala de Hita, fue escolarizar a estos menores en dos o tres centros del distrito, en lugar de distribuirlos en varios colegios. Así comenzó la larga despedida que culminará en dos meses con cuarenta años de historia.

Gueto educativo

«El final era previsible y lo vivimos con lástima y con un cierto desahogo» señala la directora, aunque lamenta ser ella quien dirija al grupo que tendrá que cerrar el colegio. Sin embargo, es realista frente a la inviabilidad de un centro con tan pocos alumnos, con libros de texto diferenciados por niveles y grupos mixtos (1º y 2º están juntos, al igual que 5º y 6º).

«El error es hacer guetos» advierte de Hita. «Es una barbaridad centralizar una tipología de niños. La sociedad es mixta, este barrio es mixto y los centros tienen que ser mixtos», afirma y denuncia que en el distrito hay cinco o seis colegios que se encuentran en una situación similar, relegados a una labor «asistencial».

Aunque el 80% de los niños han obtenido plaza en los institutos escogidos por sus padres, la directora denuncia que la capacidad de elección de los padres se ve limitada por las condiciones diferenciadas que existen con los colegios concertados. Por este motivo, hace dos semanas se presentó una carta firmada por los directores de los colegios públicos del distrito de Fuencarral-El Pardo a la Conserjería y Defensoría del Menor denunciando la discriminación económica la hora de adjudicar centros. «Los colegios concertados están aplicando unas tarifas distintas, no siempre legales»- manifiesta de Hita.-«La apuesta por la enseñanza pública tiene que ser más clara», señala.

Un ranking polémico

A dos meses de cerrar definitivamente sus puertas y a pesar de la escasez del alumnado, el teléfono del colegio Arroyofresno no ha parado de recibir llamadas, en los últimos días, de padres interesados en inscribir a sus hijos en el próximo curso escolar. No se trata de un milagro, sino del espectacular ascenso que el instituto del distrito de Fuencarral-El Pardo ha logrado en la clasificación de los alumnos de 6º de primaria (pasó del puesto 916 en 2009 al 12 este año). El mal llamado «ranking», implantado por la Consejería de Educación en 2005, recoge los resultados de los colegios públicos, concertados y privados de la Comunidad de Madrid, con el fin de que los padres elijan el mejor lugar para escolarizar a sus hijos.

«Ni nos lo creímos el año pasado, ni este año ni el que viene», señala Concha de Hita, y sostiene que el trabajo realizado ha sido el mismo. Según indican los expertos, una clase con tan poco número de niños (seis en este caso) no debería entrar en la competición. Hecha la ley, hecha la trampa: «Es un sistema perverso ¿Sabe lo fácil que es mandar un niño a la biblioteca ese día?» – advierte la directora- «Todo el que tenga un amigo en la concertada o la pública lo sabe».Y aunque la deshonestidad no sea la norma, no es descabellado pensar que un colegio en riesgo de extinción opte por esta vía.

El 24 de junio será el último día del instituto Arroyofresno. Se convertirá en albergue temporario de colegios en obras. El año pasado, los niños se disfrazaron de astronautas para festejar las cuatro décadas del viejo Apolo XI. El mismo colegio que este año quiere despedirse honrando a los profesionales que estuvieron «en la primera línea de batalla», como le gusta decir a su directora. El que, tras más de cuarenta en el barrio de Lacoma, en dos meses dice adiós a su Belén, a sus fotos, a sus recuerdos.

3 comentarios:

Rafael Díaz Arias dijo...

Un tema perfecto para un vídeo-reportaje.

Mabel dijo...

Muy buena nota.Emotiva.Ante la realidad,las palabras sobran.

M N F 1977 dijo...

Estuve en el centro desde 1983 a 1990, para mí el Apolo ha sido mi centro de cabecera, parte de mi vida, el lugar donde hice las prácticas cuando todavía mantenía el primer ciclo de ESO para convertirme en la profesora de enseñanza secundaria que soy ahora... La labor de los magníficos profesionales de mi cole (D. Carlos, la Srta. María Jesús, la Señorita María Eugenia, Fuencisla, Amelia...) me ha servido siempre de motivación para continuar con mi vocación innata por dedicarme a la docencia.¡Cuántas cosas he vivido y en mi memoria pervivirán aunque cierre sus puertas! Aunque se empeñaron en convertirlo en un cole "gueto", nuestros maestros y maestras nos enseñaron en nuestra más tierna infancia el valor de la socialización y la importancia de la multiculturalidad. Recuerdo con cariño a todos mis compañeros, de clase, de curso, a esos gitanos antes mencionados con los que me he encontrado ya de adultos y hemos rememorado entre risas nuestros primeros años. Gracias a todos,siempre llevaré con orgullo haber estado en este centro.