El pasado 16 de marzo, por primera vez en la historia, ETA mataba a un policía francés. Días después, el grupo terrorista enviaba un comunicado en el que sostenía que el tiroteo se produjo «contra su voluntad» y por responsabilidad de las fuerzas de seguridad del vecino país, al hacer caso omiso a la «clara advertencia» de «que tiraran las armas y se marcharan de allí».
Imaginemos, por un momento, que desconocemos quienes son los actores de esta escena. Las palabras podrían hacernos pensar que se trata de un comunicado de la policía, que manifiesta que los agentes dispararon «contra su voluntad» y a pesar de las «claras advertencias», a raíz de la violencia manifestada por los sospechosos. Si diéramos vuelta la historia una vez más y fueran unos simples ladrones de coches quienes las pronunciaran, veríamos que su discurso carece de toda verosimilitud porque no posee la legitimidad necesaria. La diferencia estriba en que estos imaginarios ladrones no han logrado lo que sí obtuvieron las organizaciones terroristas luego de su larga lucha nominativa: colocarse, a nivel del discurso, en un plano de supuesta igualdad frente al Estado y los demás actores democráticos.
Su treta lingüística por excelencia, como señala Rogelio Alonso, periodista y coautor del libro que recoge la historia de las víctimas de ETA, «Vidas rotas», es el mecanismo de transferencia de culpa y de difusión de la responsabilidad. De esta forma, la organización terrorista se desmarca del resultado material del hecho y lo traslada al terreno incierto del lenguaje. Lo mismo pasó con el 11M, advierte Alonso: «Al Qaeda culpabilizó a la propia sociedad española, primero por su participación en Irak y luego por su presencia en Al Ándalus».
El eufemismo al poder
Por lo general, el terrorismo suele ser amigo de algún otro «ismo»: marxismo, nacionalismo, separatismo, islamismo. Sin embargo, mantiene una relación no reconocida con un «ismo» mucho más discreto: el eufemismo.
Según la Real Academia Española un eufemismo es «la manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante». El problema surge cuando se convierte en un vehículo para justificar y disimular las acciones del terrorismo, a la vez que intenta borrar la memoria y cubrir con un manto de invisibilidad a las víctimas, hasta hacerlas desaparecer. Ejemplos claros están representados en los términos «limpieza étnica», «campo de concentración» o «campaña del desierto», para nombrar a la exterminación planificada de los indígenas que habitaban el territorio argentino.
Como señala Luis Veres, en su libro «La retórica del terror»: «Tras el 11 de septiembre algunos eufemismos se han puesto de moda en los medios. Las bombas son misiles inteligentes, la guerra es una cruzada o una guerra mundial contra el terrorismo o, sencillamente, contraterrorismo y el ataque a Kosovo es una intervención humanitaria. Con estas expresiones “casi cualquier uso de la fuerza queda justificado”».
De igual forma, los grupos terroristas utilizan los eufemismos para reducir el impacto negativo de sus acciones y lograr coherencia y cohesión en torno a su identidad. Uno de los sustitutos lingüísticos más importantes, en el caso de ETA, es la utilización del término «guerra», lo que semánticamente implicaría una lucha armada entre dos bandos, cuando en realidad se trata de un grupo que ataca a un Estado de derecho, que se defiende. Lo lógica bélica abarca muchos eufemismos más, como detalla Veres: «prisioneros», en lugar de secuestrados o rehenes; «soldados», «independentistas» o «activistas», por no decir terroristas o asesinos; «acciones» u «operaciones», suplantando al término atentados;« tregua»,como si se tratara de una cesación de hostilidades entre dos ejércitos. «Impuesto revolucionario», en lugar de extorsión; «zulo» para disimular arsenal, escondrijo o covacha; «aparato logístico», por infraestructuras; «colaboradores» o «entorno», en lugar de cómplices; «dirigentes», por jefes de los asesinos o cabecillas. La lista es interminable: «combate», «movimiento separatista», «kale borroka», «negociación».
Pero quizás el eufemismo etarra por excelencia sea el de «abertzales», como señala Álex Grijelmo: «Una palabra que se traduce al castellano como nacionalistas o independentistas, pero que en realidad significa en euskera o vascuence patriotas: los únicos patriotas posibles de una patria ideal, porque se supone que sólo pueden ser patriotas y amar a su patria aquellos que la identifican con el proyecto nacionalista, los völkische del nazismo».
Relaciones peligrosas
Más que cualquier otro tipo de violencia social, el terrorismo necesita de los medios de comunicación para sobrevivir. Debido a que persigue no sólo un impacto físico sino psicológico, para condicionar actitudes individuales y colectivas, el terrorista se vale de su arma de difusión más certera, que es la publicidad. Por ello su violencia no es sólo material, sino simbólica. Como se suele decir: lo importante para el terrorista no es asesinar a una persona sino aterrorizar a cientos.
Ante este panorama, los medios de comunicación desempeñan un rol de suma importancia ya que, intencionalmente o no, se convierten en altavoces del accionar y los intereses terroristas. Pero, como señala Luis Veres, el peligro de esa estrecha relación «es la certeza de que ese vínculo supone una especie de "simbiosis", ya que, si bien los terroristas encuentran en los medios el eco deseado para propagar su denominación o su propio mensaje, los terroristas proporcionan, a su vez, el espectáculo que los periodistas necesitan para satisfacer a la audiencia.» Por este motivo, intelectuales como Umberto Eco y Jean Baudrillard han llegado a entender que sin medios de comunicación no existiría el terrorismo.
medios dejen de informar sobre este tema sino apostar por un periodismo incisivo, que cuestione el mensaje del terrorismo y rehúse a convertirse en su simple difusor. «A Arnaldo Otegui lo tenemos en los medios de comunicación como si fuera el protagonista de un reality» - señala Rogelio Alonso- «Necesitamos saber si se ha despertado por la mañana pensando que a lo mejor ese día le apetece decir algo que pueda ser interpretado como una crítica a ETA. Estamos psicoanalizando a Otegui, dándole una relevancia que le aporta una determina legitimidad».
La rectitud de BBC
Si la permeabilidad del lenguaje puede ser preocupante analizando la prensa nacional, el tratamiento mediático de ETA se vuelve mucho más «neutro» y acrítico cuando se pasa a los medios extranjeros Un ejemplo paradigmático lo representa el caso de los dos guardias civiles asesinados en Mallorca con una bomba lapa, en julio de 2009. Los principales periódicos internacionales se refirieron a ETA continuamente como «grupo separatista vasco» y, por lo general, no se nombró al grupo terrorista en ningún titular: se habla de bombardeo o de explosión pero no se identifica a los posibles culpables.
Lo más llamativo, sin embargo, fue el foco informativo que adoptó la prensa británica, haciendo hincapié en la situación de los turistas de esta nacionalidad que pasaban sus vacaciones en la isla. Acaso el titular más notorio fue el de la BBC en el que se sostiene: «El atentado en España interrumpe las vacaciones de los británicos», noticia reemplazada poco después en la web por «Los británicos varados en Mallorca vuelan a casa». Es significativo que en este artículo no se nombrara la palabra ETA hasta el párrafo 29, en el que se manifiesta con extrema neutralidad: «La explosión en una base de la Guardia civil de Palamanova ha sido atribuida al grupo separatista ETA, que quiere una patria independiente en la región vasca de España».
La política según la cual BBC evita el uso de la palabra «terrorismo», con el fin de manifestar objetividad e impedir que el vocablo funcione como una barrera en el entendimiento, cayó en seria contradicción cuando ocurrieron los atentados del 7J en la capital británica. «Londres mecida por ataques terroristas»; «El terror de los pasajeros atrapados en el metro», fueron los titulares. Y aunque estos hayan sido modificados con posterioridad, la inclemente memoria del caché de Google aún sigue recordando su discordancia informativa.
La aparente neutralidad del lenguaje no hace más que estigmatizar a las víctimas, como señala Rogelio Alonso, y tiende a psicoanalizar al terrorista. La preferencia de los medios extranjeros por el término «separatismo» en lugar del de «terrorismo» redunda en que ETA sea juzgada por sus aspiraciones en lugar de hacerlo por su accionar. «A nosotros en la vida se nos juzga por nuestros actos, no por nuestras intenciones»- indica Alonso- «El problema en el debate sobre el terrorismo es que juzgamos al terrorista por sus supuestas intenciones, su supuesta voluntad de paz, que está sin demostrar, en lugar de juzgarle por sus hechos, como son la amenaza y la violencia. Exijámosle los hechos objetivos», subraya.
Los escombros del diálogo
La palabra «terrorismo» no sólo es tabú para la BBC sino para muchos para quienes esta expresión representa la negación simbólica de un diálogo. Para el periodista y especialista en análisis de discurso, Xabier Giró Martí, «hay una utilización política y sesgada del término terrorismo, que demoniza al que es calificado como terrorista y rompe la posibilidad del diálogo político. Hay que perseguirlos y detenerlos para que no cometan atentados, pero cualquier concesión o comprensión de lo ue hace ETA aparece como impresentable. Los medios tienen un lenguaje que no ayuda a la paz, a que la gente comprenda el conflicto en el País Vasco y a que lo entienda en su dimensión política y no sólo policial», sostiene.
Los que están en la vereda contraria, creen que las oportunidades de diálogo se han agotado y que la palabra «terrorismo» es el vocablo más ajustado para denominar a una organización como ETA. «Recuerdo un titular de prensa muy bueno el día del atentado en Barajas, que mató a dos inmigrantes ecuatorianos, que decía: “Eta entierra su futuro bajo los escombros de la T4”. Ese día ETA arruinó cualquier posibilidad de culminar el proceso de negociación con el Partido Socialista» - sostiene el periodista de Punto Radio, Juan de Dios Doval. - Y agrega: «ETA morirá sola porque ha desaprovechado la oportunidad de dejar de mirar atrás con odio y construir algo nuevo».
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