martes 21 de julio de 2009

Tailandia: un paraíso de posibilidades

(Versión ampliada de la nota escrita para la revista Femme Fatale)

Un viaje al único país del Sudeste Asiático que no fue colonizado por una potencia extranjera pero que, sin embargo, rebosa de turistas. Una aventura al Reino de Tailandia, la “Tierra de la libertad”, donde lo antiguo se fusiona con lo nuevo, lo oriental con lo occidental, lo sagrado con lo profano. Desde sus idílicas playas al montañoso norte poblado por tribus, un recorrido por uno de los lugares más fascinantes de la Tierra.

Muchos dicen que “la primera impresión es lo que cuenta” pero en el caso de Tailandia el saber popular se equivoca. No bien salir del Aeropuerto Internacional de Bangkok un húmedo y aplastante calor invade nuestros cuerpos, que sumado al jet lag, el desconcierto y el acoso de los taxistas nos lleva al borde del ataque de nervios. Cuando por fin llegamos a la ciudad, como buenos mochileros que somos, nos dirigimos a la archi-circulada Khaosan Road, verdadero reducto creado para este tipo de turistas, y, según dicen, uno de los mejores ejemplos de “guetto backpacker” del mundo donde se encuentran las habitaciones más baratas de la ciudad y decenas de de puestos de indumentaria mochilera y de comida adaptada al farang (extranjero en tailandés) al tiempo que nos cruzamos con cientos de viajeros en el muestrario más diverso que podáis imaginar.

Bangkok, la “Ciudad de Ángeles” es hoy día uno de los destinos turísticos más populares de la Tierra. A pesar de su alocado tránsito, su agobiante calor, sus gigantes shoppings y el creciente aumento demográfico la ciudad emana magia, en un collage casi surrealista entre lo antiguo y lo nuevo, lo oriental y la influencia occidental, entre la paz espiritual y el desenfreno carnal. A simple vista Bangkok se revela caótica, con su aire contaminado y ese fuerte olor mezcla de comida, polución y humedad que penetra sus calles. Pero detrás de esta fachada se encuentra una ciudad hecha de contrates con mucho que ofrecer.

Bangkok además se encuentra situada en una posición central estratégica que la convierte en una importante puerta de entrada al Sudeste Asiático: hacia el sur nos encontremos con las hermosas playas que descansan a ambos lados del Istmo de Kra y más abajo Malasia e Indonesia; al norte Laos y la Tailandia más montañosa e indígena, hacia el este Camboya y Vietnam, al oeste Myanmar.

La Bangkok antigua y sagrada

Uno de los lugares imperdibles en Bangkok es el Palacio Real, que sirvió como residencia a los reyes tailandeses desde el siglo XIX y, a pesar que el rey no vive allí en la actualidad, aún hoy se realizan numerosas actividades de importancia en sus recintos. Dentro del palacio se encuentra el Wat Phra Kaew o Templo del Buda Esmeralda, considerado el templo más sagrado de Tailandia. Para asistir a este tipo de lugares hay que seguir un estricto código de vestimenta que prohíbe los pantalones cortos o las camisetas sin mangas, además de no olvidar nunca descalzarse antes de entrar a cualquiera de estos venerables recintos. El palacio es visualmente impresionante pero también lo es la devoción de la gente que se acerca a él.


Siguiendo un recorrido por la Bangkok sagrada, otra de las grandes joyas a descubrir es el Wat Pho o Templo del Buda reclinado, que posee una escultura gigantesca de Buda tumbado de lado que tiene cuarenta y seis metros de largo y quince de alto y está recubierta con pan de oro. Las plantas de sus pies están hechas de madreperla y son particularmente especiales porque contienen las ilustraciones de las 108 laksanas o estadios en la vida de Buda. En What Po se encuentra además la colección de imágenes de Buda más grande de Tailandia y la escuela tradicional de masaje tailandés más importante del país. Los turistas pueden no sólo recibir este extraordinario masaje sino también realizar un curso de 30 horas por unos 4500 Baths (95 euros aproximadamente).

La religión de los tailandeses, el budismo, profesada por el 94.7% de la población, forma una parte más que importante dentro de la cultura local. Y es que la tierra de las sonrisas le debe mucho a esta religión que más que religión es filosofía. Los monjes son venerados y honrados en Tailandia y la educación con ellos es considerada la mejor posible. De hecho, se espera que todos los hombres se conviertan en monjes al menos por un corto período de vida, usualmente luego de terminar los estudios o antes de empezar a trabajar o casarse. La permanencia en un templo implica, además de la formación y la oración, la necesidad de cumplir con una serie de requisitos monásticos que pueden ser considerados muy duros en el mundo occidental como comer una vez al día, despertarse al alba, no gozar de ningún tipo de distracción como libros, televisión, etc. También hay monjas mujeres pero su status es menor.

Un ritual que muchos turistas suelen contemplar es el de los monjes pidiendo limosna (aunque la palabra resulta demasiado cargada de un sentido peyorativo para este caso), es decir, como estos sólo se alimentan de lo que les da la gente y, a la vez, los tailandeses creen que alimentándolos logran méritos para su futura reencarnación, todos los días alrededor de las seis de la mañana los monjes recorren los inmediaciones de su templo en busca de comida. Mayormente lo que reciben es arroz, el alimento más importante de Asia.

Si bien Bangkok condensa gran cantidad de templos importantes, Tailandia alberga alrededor de 31.200 templos budistas. Otros de gran importancia se encuentran en Ayuthaya, la que fuera la antigua capital de Siam (nombre que llevó Tailandia hasta 1939) de 1350 a 1767 y en Sukkothai, la capital del primer reino Thai. Muchos turistas aprovechan la cercanía de Bangkok con Ayuthaya (86 kilómetros) para hacerla una de sus excursiones preferidas mientras otros optan por visitar el infame puente sobre el río Kwai en Kanchanaburi o se acercan a Lopburi donde además de visitar antiquísimas ruinas pueden deleitarse con los traviesos macacos que dominan la ciudad (y digo dominan porque a pesar de sus fechorías estos monos son los malcriados de una pequeña urbe donde el dinero generado por el turismo se debe principalmente a ellos. Una vez al año se celebra una fiesta en agradecimiento a los monos donde se dispone todo tipo de comida para el regocijo de los hambrientos macacos).

El carácter de los tailandeses es muy afable, por eso Tailandia es conocida como “la tierra de las sonrisas”. Sin embargo, es importante que seamos muy respetuosos de su cultura y costumbres tratando de no ofender su religión ni a la figura del rey Rama IX, que lleva más de cincuenta años en el poder y es muy venerado en su tierra. Así también vestir con discreción, especialmente a la hora de entrar a un templo y restringir esa tendencia latina que tenemos a levantar la voz o a armar escándalo ante cualquier pequeño incidente. Estos comportamientos son considerados sumamente irrespetuosos.

La Venecia del este

El mayor río de Tailandia corre a través de Bangkok: se trata del Chao Phraya (río de los Reyes). El mismo cuenta con numerosos canales, hecho que le valió a Bangkok el apodo de “La Venecia del Este”. Uno de los mayores atractivos turísticos de esta ciudad reside en sus mercados flotantes. Mientras uno saca fotos desde su barco de popa larga (los botes típicos de Tailandia) se acercarán otra docena de embarcaciones para vender comida, flores y recuerdos y es difícil no comprar o regatear correctamente cuando el acercamiento del vendedor es tan directo. Sin embargo, el paseo por los canales es más que recomendable porque uno puede echar un vistazo a esa Bangkok de antaño que aún hoy subsiste (aunque de una forma turistificada) a la vez que apreciar las casas construidas al estilo tailandés y la vida de los lugareños que viven a la orilla de este magnífico río. El mercado más importante y grande de este tipo es el de Ratchaburi a 101 Km. al oeste de Bangkok.

Compras y gastronomía

Bangkok es, además, un lugar magnífico para hacer compras. Eso si, siempre y cuando uno esté dispuesto a la fatigosa tarea de regatear. La cantidad de extranjeros que se dedica a la compra y venta de productos de origen tailandés es numerosísima: se quedarían sorprendidos del volumen de ropa que se vende en Madrid que procede de este origen. Hay muchas zonas para hacer compras y para los que gusten de la piratería pueden adquirir polos Lacoste o vestidos Rip Curl sin que se note la diferencia con el original e incluso para aquellos con alma de falsificadores, ¡hasta adquirir el carnet de periodista, de conducir o el Diploma del TOEFL!

Hay muchas zonas para hacer compras en Bangkok pero uno de los mejores lugares es el mercado de Chatuchac de los fines de semana, el más grande de la ciudad. El mismo tiene más de 15.000 puestos y recibe entre 200.000 y 300.000 visitantes por día, así que si resistís el agobio de sus pasillos angostos y de la aglomeración espectacular de gente, vale la pena ir a comprar allí. Chatuchac vende ropa, calzado, artesanías, artículos para el hogar, comida e incluso, lamentablemente, animales, muchos de los cuales pertenecen a especies protegidas o salvajes.

Otro placer irrefrenable en Bangkok es la gastronomía. Los tailandeses, de físico esbelto, están acostumbrados a comer en pocas cantidades pero varias veces a lo largo del día. Dado el clima caluroso y los reducidos precios de los alimentos, es muy común que coman afuera en alguno de los numerosísimos puestos o restaurantes que pueblan la capital. La cocina tailandesa representa una fusión única y deliciosa entre la comida china y la india. El ingrediente estrella de su gastronomía, por supuesto, es el arroz pero además se utilizan gran cantidad de hierbas y especias, soja, salsa de pescado y limón, cilantro, leche de coco, entre otros, que dan como resultado numerosos platos fritos en wok y curries. Uno de los platos típicos que se vende en incontables puestos en la calle es el Pad Thai, hecho a base de fideos de arroz. Ojo a la hora de pedir porque el picante puede ser bastante más fuerte al que estamos acostumbrados. Otra de las delicias del Sudeste Asiático es el arroz pegajoso o sticky rice y una variedad de frutas que nunca habréis visto como el durian, el rambután y el starfruit, todas muy sabrosas. Pero además, si sois valientes, podéis probar algunos de los casi 200 tipos de insectos y bichos que los tailandeses consumen a diario: entre ellos larvas, saltamontes, arañas, escarabajos, etc.

El turismo sexual y el Muay Thai

Tan sólo con andar unos pocos metros por Khaosan Road veremos pasar de forma continua parejas mixtas conformadas por un farang y una tailandesa y no sabremos si es prostitución, amor o simplemente conveniencia. El hombre puede tener ochenta años, poseer una pierna menos, ser obeso, pero siempre lo veremos acompañado de una bella damisela. Y es que muchos de los frustrados emocionales de Occidente tienen una segunda oportunidad en Asia. La frontera de la prostitución en Tailandia es un tanto confusa. Tailandia es una de las mecas del turismo sexual, como bien lo reflejara Michel Houllebec en su libro Plataforma, pero también es cierto que para una mujer tailandesa casarse con un extranjero le da un estatus superior. A tal punto que los hombres locales se quejan de esta predilección por los farang. Hay que tener en cuenta que Tailandia es un país bastante tolerante en lo que respecta a sexualidad, donde la prostitución no está mal vista como en occidente, ya que en muchos casos son las propias familias (muchas de ellas de medios rurales) las que envían a sus hijas a la capital o playas como Pattaya y Phuket. Cuando vuelven a sus pueblos son tratadas con respeto. Las mujeres en Tailandia tienen pocas opciones de ganar tanto dinero como el que obtienen de los farangs y además en el país existe la tradición de que las mujeres deben trabajar para “devolver” por el cuidado y la protección que los padres les han propiciado al criarlas. Esta visión menos discriminatoria también abarca a las numerosas Ladyboys (transexuales) que veremos por las calles de Bangkok, y atención porque es muy fácil confundirse por los rasgos delicados y femeninos que tienen muchos hombres tailandeses.

Al caer la noche otra de las atracciones de Bangkok está en Patpong, la zona roja de la ciudad, llena de go-go bars y famoso mundialmente por los espectáculos en los que las bellezas locales realizan toda clase de trucos con sus genitales.

Otra de las atracciones de Tailandia, que cada vez tiene más cantidad de adeptos occidentales, es el Muay Thai, el deporte nacional de este país. El Muay Thai o Boxeo Tailandés es un arte marcial bastante violento en el que los luchadores pueden utilizar todo su cuerpo para golpear y hacerlo en cualquier parte del cuerpo del contrincante. Los golpes más comunes son los dados con los codos y rodillas en la cara, la cabeza y el torso del oponente. El mejor lugar para asistir a una pelea es en Bangkok en los estadios Sanam Muay Lumphini y Sanam Muay Ratchadamnoen.

Timos

A pesar que Bangkok es llamada la tierra de las sonrisas y es un sitio relativamente seguro hay que tener cuidado con las numerosas estafas realizadas a los visitantes que se esconden detrás de la amabilidad tailandesa. Una de las más típicas es la que se realiza cuando estamos a punto de llegar a una atracción turística como El Palacio Real o el Wat Po. Automáticamente un tailandés bien vestido y educado nos saca conversación para luego decirnos que la atracción está cerrada y nos lleva a una tienda de joyas. Allí nos comerán la cabeza con un apetecible negocio internacional que consiste en comprar joyas y revenderlas por un valor diez veces mayor en el país de origen del viajero. Él único problema es que esas piedras luego resultan ser de dudosa calidad. Otro típico timo es el de los conductores de tuk-tuks (triciclos motorizados que funcionan como taxis y llevan este nombre por el ruido que hace su motor) que muchas veces ofrecen a los turistas unas tarifas bajísimas por un recorrido por la ciudad que tiene como trasfondo comisiones con tiendas a donde nos llevarán queramos o no.

Tailandia hacia el sur: las playas

Otro de los platos fuertes de Tailandia y que la convierten en una meca de turismo mundial son las playas del sur que son, sin duda, algunas de las más hermosas del mundo. El color del mar es de un verde aturquesado increíble y la visibilidad en sus aguas puede alcanzar alrededor de veinte metros. Cientos de islas se aglomeran a ambos márgenes del Itsmo de Kra, que divide a un lado El Mar de Andamán y al otro el Golfo de Tailandia.

El paraíso además se ajusta al bolsillo y a los gustos del viajero porque es posible albergarse en resorts de lujo al ritmo de la marcha nocturna en Phuket o Ko Samui u optar por un rústico bungalow de madera frente al mar por 5 euros la noche en zonas como Ko Phan Ghan o Ko Lanta. Otro de los perfectos ensueños del sur de Tailandia se encuentra en las ahora famosas islas de Ko Phi Phi donde se filmó la película de Danny Boyle, protagonizada por Leonardo Di Caprio, La Playa. Pero lamentablemente, como los personajes de la película del director inglés temían, lo que empezó siendo un paraíso perdido es hoy uno de los enclaves turísticos más visitados de Tailandia y, a pesar del tsunami que azotó a la isla, el nivel de construcción ha crecido en forma tan exorbitante como sus precios.

Afortunadamente Tailandia está llena de pequeños paraísos. Cercana a Phi Phi, en la parte continental conocida como provincia de Krabi, se encuentran playas que quizás no sean tan impresionantes como las de su vecina isleña pero ganan en la espectacularidad de sus cuevas y formaciones cársticas, que atraen a escaladores de todo el mundo y que han convertido especialmente a Railay en un destino muy popular para este tipo de actividad.

Otra de las islas recomendadas, pero esta vez en el golfo de Tailandia, es la de Ko Pha-Ngan, que combina numerosas áreas tranquilas y económicas con la celebración en la playa más grande del mundo: se trata de la fiesta de la luna llena o Full Moon Party. Ubicada en Hat Rin (sólo se recomienda parar aquí a las amantes de la marcha y el bullicio) cada mes se congregan en esta ancha ribera entre 8000 personas en temporada baja y 30.000 en la alta al ritmo de la música electrónica, los espectáculos de fuego, el alcohol y, muchas veces, las drogas. Aunque, ¡cuidado! Este es uno de los lugares favoritos de la policía local para disfrazarse de civil y cazar a los despreocupados extranjeros que deciden fumarse un porrito. La policía suele multar con unos 1000 euros o lo que es peor una estadía en la cárcel. Hay que tener en cuenta que las prisiones en el Sudeste Asiático son bastante peligrosas y que en la mayoría de los países de esta área puede pesar la pena de muerte para el que sea considerado traficante.

Muy cerca de Ko Pha-Ngan se encuentra la isla de Ko Tao, muy recomendable para todo aquel interesado en el buceo o snorkelling. Además de ser un lugar espectacular para bucear, con gran variedad de coral y vida marina, entre los que se destaca el tiburón ballena, es uno de los lugares más económicos del mundo para sacar el certificado de Open Water Diver que os permite bucear de por vida hasta 18 metros de profundidad (cuesta alrededor de 9000 Baths, unos 190 euros).

Explorando el lejano norte

El montañoso norte de Tailandia brinda un panorama bastante diferente al sur pero no por ello deja de ser en sumo gratificante. Además de ofrecer gran cantidad de actividades al aire libre como el rafting, el senderismo, el ciclismo, la observación de aves o el camping, es la puerta de entrada para conocer a las tribus de montañas que viven en la zona.

La capital del norte y la segunda ciudad más importante del país es Chiang Mai, una urbe que cuenta con más de 300 templos y que despliega color y vida cultural, lo que la hace un lugar más que propicio para realizar alguno de los interesantes cursos que se pueden hacer en Tailandia (retiros budistas, clases de cocina, masaje o boxeo tailandés, clases de yoga o aprendizaje del idioma local) escapando de esta forma al agobio del calor, el smog y la superpoblación de Bangkok. Los precios en la ciudad son bastantes económicos y además dispone de un bazar nocturno muy animado donde es posible comprar a buen precio gran cantidad de mercancías.

Más allá de Chiang Mai son muchas las posibilidades de itinerarios. Una opción es acercarse al “pueblo hippie” Pai o a Mae Hong Son, sitio donde muchos turistas se dirigen en busca de las aldeas de refugiados “padaung” más conocidos por sus mujeres cuello de jirafa. La visitas a estas tribus resultan un tanto polémicas debido a la cantidad de viajeros que acuden en masa a este lugar, convirtiendo lo que se supone es “auténtico” en un verdadero zoo humano (a la hora de visitar tribus es mejor tratar de huir de las zonas turísticas si no queremos quedarnos con un sabor artificial en la boca). Además muchos aducen que la costumbre de usar elementos de latón en el cuello y extremidades estaba quedando obsoleta hasta que los turistas pusieron el ojo en ella; la otra postura señala que el turismo es una de las únicas fuentes de ingresos que tienen estas tribus exiliadas de Myanmar.


Tailandia, en resumen, es un sinfín de posibilidades en un solo país. Desde la postal de la ciudad más ajetreada y cosmopolita del Sudeste Asiático, hasta las playas más paradisíacas que podéis haber imaginado; desde la búsqueda de la paz mental en un monasterio a visitar los parques nacionales en busca de monos y elefantes. Desde el consumismo frenético y el desenfreno sexual, al respeto por las tradiciones y el ascetismo. Tailandia es ecléctica y contradictoria pero, sin duda, despierta pasiones intensas e inolvidables en cada persona que la haya visitado.

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Foto 1: http://www.thailandvoyage.com/tourinformation/Sightseeingtour/grand_palace.jpg

Foto 2:

http://www.thailandmagic.comMae%20Hong%20Son%20Padaung%20or%20Palaung%20from%20Myanmar%20Burma.jpg