martes 31 de marzo de 2009

Réquiem de una bailarina


¡Oh, ingratas nínfulas de papel rosado

girando orgiásticas en desbordantes melodías!
Dolorosas corcheas, estrepitosas blancas
en serpeteantes dedos.

Yo era una de aquellas
traslúcidas conejillas
ajena a sus heladas madrigueras,
encapsulada en un mundo
demasiado bello,
demasiado efímero.

Cuando otras niñas
retozaban en infantiles simulaciones

o aún cuando sucumbían
a insólitas tramas de amor,
yo convertía las puntas de mis pies
en pequeñas alas hacia un mundo lejano,
tan lejano como las garras del tiempo.

Tiempo ilógico e irreconocible,
noción en desuso
para las vanidosas juventudes
que llevan en su cuerpo
la sabiduría de los dioses.

No tardaron en llegar
los agoreros de la catástrofe
cuando el tobillo cedió al final
o la espalda no acompañó
rectamente dispuesta.

La oscuridad se expandió
en un millón de nubes
y la brumosa luz del proyector
dejó de seguirme.

Era mi vida esa otra vida
y no hay nada después de ella.
¿Cómo volver a ser oruga?
Volver a ser crisálida
de inocuos sentimientos.

La sabiduría del tiempo
es una farsa.
Ha venido por mí
reclamando temerarias nimiedades.
¿O acaso olvida
que yo danzaba entre los cisnes?
¿O acaso ignora
que yo dormía en su regazo?

Mi cuerpo-instrumento
pierde su afinación
y se transforma
en un soporte almidonado.
No hay más muerte que esta...
de eso estoy segura.

L´Attente. Edgar Degas.

jueves 26 de marzo de 2009

El sueño cósmico- Cuento Parte III

Me acomodé en una silla libre que quedaba entre dos personas al fondo de la sala. Releí el contenido de la pizarra sin llegar a hilar una conexión en mi cerebro. Los dos médicos se hallaban contemplándonos en silencio. De pronto el mayor dijo:

- Una de cada diez personas experimenta la sensación de salirse de su cuerpo al menos una vez en la vida. Sin embargo, son pocos los que pueden llegar a comprender en forma cabal este hecho y menos quienes logran aprovechar realmente la experiencia. Ni hablar de la mínima proporción que puede repetir este tipo de situaciones para así poder trascenderlas y ampliarlas.
Las distintas fases que ven descriptas en la pizarra forman parte del plan de acción que llevaremos a cabo de ahora en adelante en pos de investigar las posibilidades y potencialidades del sueño cósmico. Una a una iremos trabajando estas etapas, generando así un aprendizaje y un bagaje de herramientas, conocimientos y nuevas habilidades. Podría decirse, de algún modo, que a partir de hoy nos iniciamos no en un simple y llano experimento sino en una escuela donde aprenderán de nosotros pero a la vez, donde ustedes mismos tendrán que dar cuenta de los conocimientos aprehendidos. Es un proceso de ida y vuelta y es por eso que lo primero que tienen que grabarse en la mente el día de hoy es que ustedes no son meros conejillos de indias, vacíos receptáculos de la labor científica sino co-autores del descubrimiento y agentes fundamentales de su realización.
Podemos decir con seguridad que raramente los practicantes de viajes astrales habrán llegado a los resultados a los que nosotros arribaremos. La droga que utilizaremos para nuestras sesiones, que de ahora en adelante llamaremos DP (por Dream Pill), no ha sido utilizada más que en nuestras pruebas preliminares y ha sido especialmente ideada para este tipo de propósitos. Su especial composición nos llevará en aproximadamente dos minutos a la sensación de salirse del cuerpo a la vez que potenciará la sagacidad de nuestros sentidos en el universo paralelo al que nos veamos transportados.
La mayoría de los científicos que han tratado de racionalizar el viaje astral han fracasado por la endémica miopía que existe con respecto a la forma de abordar este fenómeno. La limitación natural de nuestros sentidos se ve reforzada por la limitación cultural de nuestra mente occidental. La Fundación Cosmic Dreams, por el contrario, se plantea como un punto de encuentro científico-místico, aunando ambas cosmovisiones, ambas formas de ver el mundo, en una síntesis nueva.

Debo reconocer que sentía una especie de fascinación hacia la forma de hablar de ese médico. Ese sentimiento activaba también las paranoias siempre presentes en mí de que sus palabras no eran más que detonantes de oscuros mensajes subliminales (Sí, lo reconozco, mi vida siempre se ha caracterizado por mucha ficción y poca acción. Debe ser por eso que estoy un poco gordito). El otro médico, en cambio, empezaba a darme mala espina con su eterna sonrisa beata pero la verdad es que poco es lo que podía inferir de él porque rara vez abría la boca. Pero lo que quería decir, tras este revuelo de pensamientos, es que el médico mayor tenía una manera asombrosa de concatenar las palabras, de tejerlas en el lenguaje, como si una a una le fueran dictadas por un invisible escribiente a la vez que un versátil marionetista distorsionaba levemente su rostro sólo por delicados gestos que enfatizaban su discurso.

-Los hemos elegido –continuó el doctor- porque hemos visto en ustedes perfiles con potencialidades que podrían ser valiosas para el proyecto. Ya verán que con el paso del tiempo, cada uno de ustedes vivirá esta experiencia de una forma totalmente original. Algunos llegarán más lejos que otros en los siempre imprevisibles devenires del sueño cósmico y eso también será inevitable porque lo que podemos ver y de qué forma vemos eso que vemos depende en gran medida de cuán afinado esté el instrumento y de cuán experto sea el ejecutante. En este caso, el instrumento no es otro que nuestra mente y el ejecutante no es más que la encarnación de esa mente, eso que llamamos el yo. Porque la mente no es el yo y si nuestra capacidad mental es tan lim

¡Joder!, pensé, cada vez estoy menos seguro de qué se trata todo esto. Mi pasión por la ficción se reducía a las películas y la lectura había llegado un poco tarde a mi vida, sobre todo de la mano de Ana. Muchas de las cosas sobre las que hablaba el doctor me parecían un poco confusas aunque me hacían recordar vagamente a un pequeño libro de budismo que leí hace unos años.

Terminada la presentación, el doctor-beato nos dijo que no nos preocupáramos por las fases detalladas en la pizarra, que a su debido tiempo ya ahondaríamos en ellas. Recién entonces me distraje un segundo y pude ver la ondulada y rojiza cabellera de la misteriosa mujer (¿o sería color granate?, no lo sé, eso de las tonalidades es cosa de mujeres, los hombres sólo vemos colores primarios). En ese momento nos dirigimos a una inmensa sala llena de máquinas de todo tipo, algunas conocidas en mis escuetas incursiones al médico y otras de aspecto muy extraño, como salidas de un film de ciencia ficción. Había una que captó ampliamente mi atención y me hizo pensar en salir corriendo inmediatamente de aquel lugar. Se trataba de una especie de casco transparente con múltiples cables que salían de él. Estos a su vez se conectaban a una computadora con tres pantallas por persona. Parecía haber todo un despliegue tecnológico en ese lugar y empecé a sentirme más que en un “co-autor del descubrimiento” en una mera rata de laboratorio.

No era difícil adivinar la ubicación que me correspondía ya que las camas tenían el nombre de cada uno inscripto en la cabecera. Tomé asiento en la que me fue asignada y recién entonces me percaté que tanto la sala como la disposición de las camas tenían forma circular. El doctor-elocuente dijo que procediéramos a colocarnos el casco, del que sólo reparó en decir que era una herramienta innovadora en este tipo de experiencias. Hasta ese momento y a pesar de mis dudas, me había estado auto-convenciendo de que la decisión tomada, la de acceder al proyecto, había sido lo más acertado que podía hacer con mi vida, sin embargo, la “bizarredad” de la situación empezaba a incomodarme y a hacerme sentir como el típico tonto crédulo, al que venden chicha por limonada. A la vez, todos los participantes parecíamos tan disímiles entre sí que empecé a preguntarme si nuestra selección no seguiría los parámetros amarillistas de los reality shows, donde los participantes son elegidos sólo para representar estereotipos y generar conflictos dentro del grupo.

Ya era tarde. El mero hecho de levantarme e irme me resultaba tan vergonzoso que el miedo se convertía en el motor de mi valentía. Ese rasgo es común en mí, si me lo pongo a pensar. Las grandes decisiones de mi vida fueron motivadas por el miedo a hacer el ridículo.

Coloqué el casco en mi cráneo y sorprendentemente se adaptaba a él como si hubiera sido hecho a su medida. El interior se sentía acolchonado y los cables que colgaban no se sentían. Al lado de la cama había una mesita de luz con un vaso de agua y un cuarto de pastilla color verde. Una vez que todos nos acomodamos en el colchón –podía ver claramente a la pelirroja pues se encontraba hacia mi diagonal derecha- el doctor dijo:

- Yo sé que estáis preocupados, pero no hay nada de qué preocuparse. Todo lo contrario… Estáis por despertar a un sueño plácido y fantástico. Cada uno tiene a su lado una pastilla. Tómenla cuando lo consideren necesario pero antes pónganse cómodos. Recuéstense, arrópense, sáquense los zapatos. Empezaremos de poco… Media hora solamente. Relájense y gocen…

Tomé la pastilla, la deposité en mi lengua y con un rápido sorbo entró en el organismo. Pasó un minuto y no sentí nada. De repente algo muy extraño pasó. Algo que no me había sucedido en toda la vida.

CONTINUARÁ…

NOTA AL LECTOR:

El Sueño Cósmico comenzó siendo un cuento en tres etapas para publicar en este blog. Sin embargo, siento que el relato puede ir mucho más allá de lo que una duración tan limitada podría ofrecerme. Además, Naturaleza Ecléctica pretende ser y seguir siendo, como bien dice su nombre, un espacio que esté compuesto por elementos diversos surgidos de mi subjetividad. Es por eso que he decidido convertir a El Sueño Cósmico en una Blognovela que se publicará de ahora en más en: www.novelacosmica.blogspot.com

Las actualizaciones serán notificadas por este blog. Saludos.

martes 17 de marzo de 2009

El sueño cósmico – Cuento Parte II

-Vamos a hacer un pequeño receso de quince minutos –dijo el doctor más joven- y cuando volvamos empezaremos con las pruebas psicotécnicas para seleccionar a los miembros de nuestro proyecto. Tienen máquinas de café, agua y golosinas en la entrada.

Me quedé sentado por unos minutos reflexionando sobre todo lo que me estaba pasando mientras las piernas de la gente iban y venían a la altura de mi mirada. De pronto, la dulce voz de una mujer me dijo:

-Voy por un café. ¿Quiere usted que le traiga uno?

- Sí, por favor –respondí torpemente ante la sorpresa del ofrecimiento. Debo de tener demasiada cara de aturdido y desamparado, pensé a continuación. Cuando ella volvió fue recién cuando pude verla claramente. Tendría unos treinta y cinco años, cinco más que yo, pero vestía de una forma discreta y anticuada. A pesar de que era una mujer muy atractiva tenía cierto aire a persona mayor. Quizás el hecho de que no me hubiera tuteado me condujo también a ese pensamiento.

-Aquí tiene –dijo depositando el vaso descartable en mis manos. –Supongo que aún tendremos mucho por delante el día de hoy.

-Si, ya lo creo- respondí. Aquella mujer me inspiraba confianza así que me animé a exteriorizar las dudas que pujaban por salir de mi interior y de paso aproveché para romper la formalidad: -¿Qué piensas de todo esto? –pregunté.

-A decir verdad, estoy aquí no para buscar un trabajo sino por la necesidad de revivir una experiencia que tuve un año atrás y que no pude volver a repetir.

- Yo vine porque estoy desempleado –contesté sin saber que comentar a semejante declaración.

- Yo tenía una hija, ¿sabes? –dijo descargando en mis ojos una profunda intimidad que me acaloró. –La tuve sin quererla, odiándola por haber invadido mi cuerpo en la flor de mi juventud. Por ella tuve que resignar muchas cosas. Pero cuando la tuve nada de ello me importó. Esa personita iluminó mi vida. - ¿Tu tienes hijos?

- No, aún no.

- Hace cuatro años los médicos le descubrieron leucemia. El día de su muerte me dijo: “Mamá no te preocupes, estoy lista para irme. Ya no tengo miedo.” ¡Fue tan valiente! ¡Sólo tenía diez años! Yo estaba destrozada, por supuesto, sin poder rehacer mi vida. Pero una noche, un año después de su muerte, tuve un sueño muy vívido, que aún no logro racionalizar del todo pero que según lo que he leído se trataría de un viaje astral.

- ¿Entonces tú sabes de que se trata este asunto? –pregunté en un intento de hacer oídos sordos a su dolor.

- En realidad, no. Pero algo me dijo que tenía que venir aquí.

En ese momento los dos médicos volvieron a aparecer. Uno de ellos expresó:

- Empezaremos con algunas pruebas físicas que tomaran aproximadamente una hora y luego seguiremos con los tests psicológicos y las entrevistas que tardarán unas dos horas.

A continuación me vi sometido a diversos tipos de pruebas y no tuve oportunidad de volverme a encontrar con aquella mujer de la que ni siquiera sabía el nombre. Durante esa primera hora, me tomaron muestras de sangre y orina, me hicieron un electrocardiograma, una placa de tórax, inspeccionaron mis oídos y ojos, me pesaron, examinaron mi resistencia física haciéndome correr por diez minutos en una cinta y midieron mi elasticidad a través de ejercicios. Semejante cantidad de exámenes empezó a preocuparme un poco. ¿Es que acaso necesitaba yo aptitudes físicas excepcionales? En tal caso, ¿para qué?

Sin embargo, lo más duro e intrigante vino de mano de la entrevista personal. Primero tuve que completar una serie de multiple choice bastante corrientes que ponían a prueba mi lógica y rapidez o las respuestas a ciertas situaciones hipotéticas pero nada muy distinto de la clase de chorradas que te preguntan en las entrevistas de trabajo. Pero luego, cuando el escrutinio pasó a ser personal y tuve cara a cara a dos mujeres en guardapolvo blanco la situación cambió. Es gracioso lo nervioso que se puede sentir uno teniendo a dos nada despreciables damas revestidas de autoridad observándote como si fueras un mono de laboratorio. En ese momento no lo pensé pero ahora creo que no fue fortuita la elección de que fueran dos exponentes del sexo opuesto quienes me entrevistaban. Nada parecía librado al azar en ese lugar.

“¿Cuál sería el poder que elegiría si fuera un súper héroe?

¿A qué le tiene miedo?

¿Cuál es su mayor ambición?

¿Qué cree que pasa tras la muerte?

¿En qué animal le gustaría transformarse?

¿Qué espera que le dé esta experiencia?

¿Qué fue lo más osado que hizo en su vida?”

Esas eran sólo algunas de las preguntas que tuve que contestar intentando superar mis primeros balbuceos y mi mente acostumbrada a responder no con la verdad sino con la conveniencia. Era difícil contemplar cuáles eran las respuestas adecuadas así que decidí soltarme y ser yo mismo. Para finalizar, me mostraron algunas imágenes (mejor dicho: manchas) bastante extrañas que debía de interpretar (pero no las clásicas del pulmón o la Coca Cola que pasan en las películas sino otras más complejas).

Efectivamente habían pasado tres horas desde que empezara todo este proceso. Tras firmar el acuerdo de confidencialidad me despidieron diciendo que a la noche recibiría un mail con los pasos a seguir. Me resultó un tanto extraño que al salir no me cruzara con nadie pero estaba molido así que me fui a casa. Aunque parezca bastante tonto de mi parte decidí no contarle nada a Ana; le dije que no sabía de que se trataba todo ese asunto porque me habían hecho una entrevista laboral común y corriente, sin suministrarme ninguna información. No debí mentirle pero no quería asustarla y el meollo eran tan intrigante que me costaba incluso explicarlo en forma inteligible. Es recién ahora, con estas líneas, que empiezo a articularlo en mi mente.

Esa noche debí haber chequeado el correo en mi ordenador unas cuatrocientas veces hasta que finalmente recibí un e-mail con remitente y asunto idéntico: Fundación Cosmic Dreams. El mensaje decía lo siguiente:

Preséntese mañana a las 22.00 hs. Muchas gracias.

Pese a la inmensa expectativa que tenía y aunque parezca poco creíble, esa noche llegue diez minutos tarde. Se trata de una olvidable concatenación de circunstancias fortuitas que sólo deciden cooperar en los momentos clave de mi vida para jugarme una mala pasada. Al llegar, mis ojos visualizaron dos cosas: una sala con alrededor de diez personas entre las que se encontraba la misteriosa mujer y las siguientes anotaciones en la pizarra:

1° Fase: Exploración y sensaciones corpóreas

2° Fase: Interacción (comunidad)

3° Fase: Movimiento en el espacio

4° Fase: Reconocimiento de señales

5° Fase: Transformación

6° Fase: Interacción con otros sujetos (visibilidad aparente)

7° Fase: Movimiento en el tiempo.


Continuará...

martes 10 de marzo de 2009

El sueño cósmico – Cuento Parte I


Otro día sin trabajo. Que hastío.

Quemarme las retinas mirando las tediosas páginas de trabajo en Internet. Competir virtualmente con cientos de candidatos anónimos tan desesperados como yo. Rellenar formularios, responder preguntas, acomodarme la corbata, chequear el aliento, esconder el tatuaje, esbozar una sonrisa prefabricada.

Cuánto quisiera hacer de mi Curriculum Vitae una obra de arte surrealista y no un frío compendio de conocimientos y experiencias. Escribir en mi perfil “Soñador empedernido busca trabajo cazando utopías” o chorradas por el estilo y adjuntar una foto riendo a carcajadas con un pitillo en la mano y el mar del fondo.

Hace unos días, sin embargo, sucedió algo extraño. Decidí comprar el periódico y chequear los avisos de empleo para sentirme como en los viejos tiempos en los que me despertaba a las cinco de la mañana para ser de los primeros en llegar a las entrevistas. En el diario encontré un aviso que llamó ampliamente mi atención y no soltó mi mente por el resto del día.

Parecía que el anuncio hubiera estado escrito para mí. Por primera vez alguien se dignaba a ampliar las posibilidades de la comunicación de una forma intrépida e intrigante. Debo reconocer que lo de “ampliar la conciencia hacia límites insospechados” era un tanto confuso y me sonaba a conejillo de indias pero de todos modos decidí emprender la aventura. No tenía nada que perder más que un par de horas que de todos modos malgastaría en alguna que otra burda distracción.

Esa noche en la cena se lo comenté a Ana, mi mujer, a quien todo el asunto le pareció un tanto escalofriante pero no por ello dejó de apoyarme como siempre lo hacía. Creo que habrá pensado que yo estaba loco al interesarme por un anuncio que seguramente estaría dirigido a pobres infelices o a amas de casa realmente desesperadas que encontrarían en esas líneas publicadas un motivo tonto y fútil al cual aferrarse. De todos modos, nada me hacía diferente (salvo el amor de Ana) a ese puñado de perdedores surgidos de su imaginación.

Al día siguiente me presenté en la Fundación Cosmic Dream. Al llegar me sorprendí de ver en el hall de entrada una fuente muy similar a la del pez en Mon oncle de Jacques Tati. Interpreté ese detalle como una señal, como habitualmente hacía con todas las cosas que me sucedían, y con una sonrisa entre dientes me pregunté si en la Fundación también encenderían el chorro de agua cuando llegan las visitas.

Rápidamente me ubicaron en una sala con otras treinta personas aproximadamente. Más que una entrevista parecía una capacitación ya que todos nos ubicamos mirando hacia un pequeño escenario. En cuanto visualicé a la gente me sentí un tanto ridículo al haber concurrido con bermudas y camisa hawaiana; la inmensa mayoría se encontraba formalmente vestida. Dios mío, pensé, la gente no usa su libertad ni aunque le sea impuesta.

Tras quince minutos de espera, salieron dos hombres en guardapolvos blancos, presumiblemente doctores. Uno tendría unos cincuenta años y un aspecto muy jovial y el otro andaría por los treinta y largos y una expresión afable. El mayor interrumpió el silencio y dijo:

-Bienvenidos a Cosmic Dream mis queridos amigos. Me imagino que la gran mayoría de ustedes estará preguntándose ¿Qué coño estoy haciendo aquí? ¿De qué se trata todo esto? Con intención de despejar sus dudas y calmar las ansiedades que se respiran en el ambiente les voy a dar una pequeña clave del motivo de su convocatoria: ustedes están aquí para aprender y aprehender ese mundo oculto que habita en los sueños y para participar de un proyecto innovador científico-místico único en el mundo.

-¿Se trata de someterse a un experimento científico? –alguien preguntó abruptamente.

-Bueno,-continuó el profesor –aquí nadie se somete a nada, en todo caso colabora. Y sí, podríamos hablar en términos de experimento científico pero a la vez hablamos de un descubrimiento que cambiará para siempre sus vidas.

El interlocutor no pareció satisfecho con la respuesta y decidió abandonar la sala. El doctor más joven sostuvo:

-Agradecería que todo aquel que desee retirarse lo haga libremente ahora pero por favor que el que decida quedarse se mantenga en su asiento hasta el final de la presentación.

Una mujer mayor se paró en forma decidida, dejando tras de ella la estela de un perfume ordinario mientras que una joven se retiró de la sala agachando la cabeza.

-Es bueno saber –retomó la palabra el profesor- que el resto de ustedes responde al menos a uno de los requisitos del anuncio: la curiosidad. La Fundación Cosmic Dream es una entidad privada científico-mística dedicada al estudio de lo que muchos llamarían viaje astral o sueño lúcido pero que en realidad presenta una gran diferencia con lo que nosotros hacemos aquí. Primero y principal, a partir de nuestras investigaciones hemos llegado a crear un componente capaz de transportarlos con un 98% de efectividad a los recovecos oníricos del viaje astral. Es decir, nuestro método no requiere de ninguna preparación previa, ni de ubicar la cama en dirección norte, ni de ejercicios de respiración, ni de hipnosis ni de la mera predisposición o suerte del participante que realice la actividad. Ya volveremos sobre este tema.
Otra diferencia importante es que al despertar seremos absolutamente conscientes de todos y cada uno de los acontecimientos que vivamos durante este sueño cósmico, como nosotros le llamamos. No tendremos un registro borroso de ellos, como ocurre generalmente con los sueños, sino que dispondremos de ese conocimiento para nuestra vida diaria. No hace falta que diga las consecuencias positivas que este hecho puede acarrear. Traten de imaginarlo por un minuto.

A esas alturas el público se hallaba atónito, siendo yo uno más de los confundidos espectadores.

-Veo sus caras de estupefacción –prosiguió el profesor tras una breve pausa- y me imagino que estarán pensando en que les voy a ofrecer la pastilla roja de Matrix. Por favor no se confundan. No hablamos de la posibilidad de salir de un mundo prefabricado para entrar en otro mundo físico sino de liberar nuestra alma. Como dijo el psicólogo cognoscitivo Jorge Olguín, el ser humano no tiene alma sino que es un alma con una envoltura física.
Creo que esta información es suficiente en esta etapa preliminar. Sólo hace falta aclarar dos cosas antes de proseguir con el proceso de selección. La primera es que el objetivo de este estudio, por el que serán remunerados económicamente, es delimitar las posibilidades de acción durante el sueño cósmico y, a su vez, establecer los efectos sobre la vida misma. El segundo tema refiere a que estaremos utilizando una droga especialmente preparada para estos propósitos. Si bien la misma fue probada en animales y humanos y no presentó efectos adversos en ellos, ustedes deben saber que hay seres que muchas veces desafían la estadística. Uno de los compuestos de la droga es la ayahuasca, un preparado vegetal producto de la planta Banisteriopsis caapi. Ayahuasca significa en quechua “la soga de los espíritus” y es utilizada por los pueblos indígenas de la Amazonia desde tiempos remotos para la comunicación con el mundo de los espíritus. De ahí la etimología de su nombre. Sin embargo, el porcentaje de esta sustancia en la droga que utilizaremos es muy baja, motivo por el cual pueden desechar desde ahora sus fantasías de entrar en trance como los chamanes.

Tras algunas risas en la sala el médico más joven dijo:

-Bueno, todo aquel que quiera quedarse para las pruebas como el que desee retirarse tendrá que firmar un acuerdo de confidencialidad, por el que serán recompensado. Por favor ubíquense a la derecha de la sala los que quieran proseguir con la entrevista y a la izquierda los que deseen retirarse.

Debo confesar que quedé petrificado al escuchar tamaño discurso. La gente se iba dividiendo en mitades, algunos con claros rostros de ofuscación, otros excitados, pero todos claramente confundidos. Sólo quedábamos un par de indecisos empotrados en sus asientos. Entonces una súbita ráfaga de valentía motivada por la atracción visual que representaba mi camisa hawaiana me llevó inesperadamente hacia el lado derecho de la sala.

CONTINUARÁ…

lunes 2 de marzo de 2009

La Caja: psicología barata y zapatos de goma


En 1971 Stanley Kubrick llevaba al cine una adaptación de la novela de Anthony Burguess, La naranja mecánica, en la que el psicótico, hedonista y manipulador delincuente Alex de Large, amante de la ultra violencia, las violaciones y la novena sinfonía de Beethoven es sometido a un tratamiento médico experimental contra el comportamiento violento denominado bajo el nombre de Técnica de Ludovico. Este acondicionamiento ficcional consiste básicamente en una terapia de aversión para la rehabilitación de criminales. El paciente es sometido a la observación de imágenes violentas por períodos prolongados, sin posiblidad de dejar de mirar esa imágenes ni de parpadear, al tiempo que se encuentra bajo el efecto de drogas, llevando al paciente a una experiencia de muerte cercana. El objetivo de esta técnica es generar una condicionamiento del estímulo-respuesta entre la violencia y el dolor físico que daría como resultado la imposibilidad del sujeto de realizar actos violentos debido su correlato de dolor físico.

En 2009, Telecinco de España se despacha con un nuevo programa llamado La caja que se suma a otro de los grandes éxitos de este canal llamado El juego de tu vida en el que los participantes se someten a un detector de mentiras para ganar 1 millón de euros, dando como resultado algunos bolsillos abultados pero decenas de relaciones sociales o familiares destrozadas. La caja es, como denominan orgullosamente sus creadores, el primer reality psicológico del mundo, en el que un participante es sometido a una terapia acelerada a través de su incursión en un cubo gigante formado por cuatro grandes pantallas. Pero que mejor que darle la palabra a los que saben:

“LA CAJA es el primer reality psicológico del mundo. Una persona vive una sesión de terapia psicológica personalizada en el más increíble de los escenarios: UNA CAJA GIGANTE. Sentado en una butaca, el paciente recibe una descarga de estímulos audiovisuales que impactan directamente en su cerebro. Se experimenta con el miedo, el amor, la rabia, la alegría y el dolor. La reacción es inmediata, en apenas 1 minuto.

LA CAJA es un potenciador de emociones. Una sesión de terapia de choque capaz de transformar, en poco tiempo, la visión que el paciente tiene de si mismo y de sus problemas.

Por primera vez un programa de televisión se adentra en la parte más oculta del ser humano. Aquella que guarda el por qué de la timidez, de la depresión, del orgullo, de la obsesión, del dolor o de cualquier otro problema emocional.

LA CAJA es mucho más que ir al psicólogo, es tener un equipo completo de terapeutas a tu disposición .Es experimentar lo que nunca has sentido mientras hablas de lo que te obsesiona o lo que te impide llevar una vida normal. LA CAJA te da las pautas para sobrellevar lo que te supera y para afrontar la vida con una nueva actitud. Dicen que, en algunos casos, una hora dentro de LA CAJA equivale a más de 3 meses de terapia convencional.

LA CAJA está indicada para personas que sufran algún tipo de fobia, para aquellos que estén viviendo una ruptura sentimental, para los que no puedan controlar el odio o los celos, para los que hayan perdido un ser querido, para los que hayan pasado por la cárcel o para cualquiera que necesite un psicólogo. Para aquellos que sufren de adicción al sexo, al juego o al alcohol. Para anoréxicos, para personas obsesivas, para esquizofrénicos, para enfrentarse a los complejos… Para los que se hayan enamorado recientemente y mueran de amor, para los que hayan triunfado y no sepan asimilar el éxito,…”

Este texto, por extraño que pueda parecer, no es ni más ni menos que la descripción del programa a través de su página Web. Como vemos, La caja no está muy lejos en su concepción del disparatado método creado por Burgess o de los ya conocidos procedimientos de condicionamiento mental. A través de las imágenes, el sonido y el cándido discurso de una locutora en off el programa trata de resolver la aracnofobia de una señora, el miedo a las tormentas de un hombre, el impedimento de una mujer a tener relaciones sexuales a causa de su vaginitis, la necesidad de un joven de declarar abiertamente su homosexualidad o la obsesión de una chica con los animales desamparados. Pero también se presenta como un medio para exorcizar el dolor de una madre cuyo pequeño hijo sufre cáncer o el de un hombre que perdió a sus hijos y a su nieto en el trágico accidente de Spanair del año pasado.

Y aunque no parezca, este reality, que desmerece a la psicología al entregarnos su versión predigerida, es tan disparatado como el hipotético método de la Técnica de Ludovico. Como si la gente se curara sólo por contemplar imágenes de sus seres queridos, o asistir a las simulaciones del causante de su fobia, sumado a los tres o cuatro recursos que usan con cada participante como ¿qué le dirías a tal o cual persona si la tuvieras en frente? o reemplazar mentalmente las palabras negativas causantes de tu estigma como por ejemplo citando el caso de Miguel, el chico homosexual: enfermo, maricón, desviado, apestado, oveja negra, yonqui y loca por generoso, buen hijo, vital y respeto. Resumiendo: chapuzas de psicología, psicología barata y zapatos de goma.

En términos más banales debo decir que me indigna que este programa haya elegido como cortina musical al bellísimo tema leitmotiv de In the mood for love (Con ánimo de amar en Argentina o Deseando amar en España) del director honkonés Wong Kar-wai. Tratando de hacer justicia a esta hermosa melodía pueden ver una escena de la película al final de la nota.

El caso de Svetlana Orlova

Más allá de las razones que lleven a una persona a concurrir a un programa como este, es totalmente irresponsable jugar con las emociones de una persona en nombre de un espíritu caritativo cuando es claro que de lo que se está hablando es de generar dinero a partir del morbo televisivo.

La forma en la que se ha inmiscuido la televisión en el ámbito privado llega a puntos bochornosos, no siendo este un fenómeno nuevo. Sin ir más lejos, otro de estos programas de tele realidad español cuenta con el dudoso honor de tener una muerte en sus haberes. Y es que cinco días después de aparecer en el programa de antena 3, El diario de Patricia, la joven rusa Svetlana Orlova fue hallada apuñalada en su casa en Alicante. El hecho sucedió en noviembre de 2007, cuando Svetlana acudió al programa de televisión citado y se encontró frente a un “invitado sorpresa” que no era otro que su ex novio Ricardo Navarro, quien le propuso matrimonio de rodillas mientras en el letrero de la pantalla se leía “¿Le dará una segunda oportunidad a su ex novio?” Lo que el público no sabía era que este joven carnicero de Alicante ya tenía historial de violencia doméstica e incluso que la propia Stvelana lo había denunciado a las autoridades. Desconocían también que ella planeaba abandonar España con su pequeño hijo, producto de una relación anterior, con la intención de huir del acoso de este hombre.

Lo bochornoso, además, es que El diario de Patricia se siga emitiendo actualmente y que continúen surgiendo día a día programas televisivos que expongan de una forma tan poco ética la intimidad de las personas. Y lo más triste, lo peor, es que el caso de Svetlana no haya servido más que para aumentar el rating de otro efímero talk show.