-Vamos a hacer un pequeño receso de quince minutos –dijo el doctor más joven- y cuando volvamos empezaremos con las pruebas psicotécnicas para seleccionar a los miembros de nuestro proyecto. Tienen máquinas de café, agua y golosinas en la entrada.
Me quedé sentado por unos minutos reflexionando sobre todo lo que me estaba pasando mientras las piernas de la gente iban y venían a la altura de mi mirada. De pronto, la dulce voz de una mujer me dijo:
-Voy por un café. ¿Quiere usted que le traiga uno?
- Sí, por favor –respondí torpemente ante la sorpresa del ofrecimiento. Debo de tener demasiada cara de aturdido y desamparado, pensé a continuación. Cuando ella volvió fue recién cuando pude verla claramente. Tendría unos treinta y cinco años, cinco más que yo, pero vestía de una forma discreta y anticuada. A pesar de que era una mujer muy atractiva tenía cierto aire a persona mayor. Quizás el hecho de que no me hubiera tuteado me condujo también a ese pensamiento.
-Aquí tiene –dijo depositando el vaso descartable en mis manos. –Supongo que aún tendremos mucho por delante el día de hoy.
-Si, ya lo creo- respondí. Aquella mujer me inspiraba confianza así que me animé a exteriorizar las dudas que pujaban por salir de mi interior y de paso aproveché para romper la formalidad: -¿Qué piensas de todo esto? –pregunté.
-A decir verdad, estoy aquí no para buscar un trabajo sino por la necesidad de revivir una experiencia que tuve un año atrás y que no pude volver a repetir.
- Yo vine porque estoy desempleado –contesté sin saber que comentar a semejante declaración.
- Yo tenía una hija, ¿sabes? –dijo descargando en mis ojos una profunda intimidad que me acaloró. –La tuve sin quererla, odiándola por haber invadido mi cuerpo en la flor de mi juventud. Por ella tuve que resignar muchas cosas. Pero cuando la tuve nada de ello me importó. Esa personita iluminó mi vida. - ¿Tu tienes hijos?
- No, aún no.
- Hace cuatro años los médicos le descubrieron leucemia. El día de su muerte me dijo: “Mamá no te preocupes, estoy lista para irme. Ya no tengo miedo.” ¡Fue tan valiente! ¡Sólo tenía diez años! Yo estaba destrozada, por supuesto, sin poder rehacer mi vida. Pero una noche, un año después de su muerte, tuve un sueño muy vívido, que aún no logro racionalizar del todo pero que según lo que he leído se trataría de un viaje astral.
- ¿Entonces tú sabes de que se trata este asunto? –pregunté en un intento de hacer oídos sordos a su dolor.
- En realidad, no. Pero algo me dijo que tenía que venir aquí.
En ese momento los dos médicos volvieron a aparecer. Uno de ellos expresó:
- Empezaremos con algunas pruebas físicas que tomaran aproximadamente una hora y luego seguiremos con los tests psicológicos y las entrevistas que tardarán unas dos horas.
A continuación me vi sometido a diversos tipos de pruebas y no tuve oportunidad de volverme a encontrar con aquella mujer de la que ni siquiera sabía el nombre. Durante esa primera hora, me tomaron muestras de sangre y orina, me hicieron un electrocardiograma, una placa de tórax, inspeccionaron mis oídos y ojos, me pesaron, examinaron mi resistencia física haciéndome correr por diez minutos en una cinta y midieron mi elasticidad a través de ejercicios. Semejante cantidad de exámenes empezó a preocuparme un poco. ¿Es que acaso necesitaba yo aptitudes físicas excepcionales? En tal caso, ¿para qué?
Sin embargo, lo más duro e intrigante vino de mano de la entrevista personal. Primero tuve que completar una serie de multiple choice bastante corrientes que ponían a prueba mi lógica y rapidez o las respuestas a ciertas situaciones hipotéticas pero nada muy distinto de la clase de chorradas que te preguntan en las entrevistas de trabajo. Pero luego, cuando el escrutinio pasó a ser personal y tuve cara a cara a dos mujeres en guardapolvo blanco la situación cambió. Es gracioso lo nervioso que se puede sentir uno teniendo a dos nada despreciables damas revestidas de autoridad observándote como si fueras un mono de laboratorio. En ese momento no lo pensé pero ahora creo que no fue fortuita la elección de que fueran dos exponentes del sexo opuesto quienes me entrevistaban. Nada parecía librado al azar en ese lugar.
“¿Cuál sería el poder que elegiría si fuera un súper héroe?
¿A qué le tiene miedo?
¿Cuál es su mayor ambición?
¿Qué cree que pasa tras la muerte?
¿En qué animal le gustaría transformarse?
¿Qué espera que le dé esta experiencia?
¿Qué fue lo más osado que hizo en su vida?”
Esas eran sólo algunas de las preguntas que tuve que contestar intentando superar mis primeros balbuceos y mi mente acostumbrada a responder no con la verdad sino con la conveniencia. Era difícil contemplar cuáles eran las respuestas adecuadas así que decidí soltarme y ser yo mismo. Para finalizar, me mostraron algunas imágenes (mejor dicho: manchas) bastante extrañas que debía de interpretar (pero no las clásicas del pulmón o la Coca Cola que pasan en las películas sino otras más complejas).
Efectivamente habían pasado tres horas desde que empezara todo este proceso. Tras firmar el acuerdo de confidencialidad me despidieron diciendo que a la noche recibiría un mail con los pasos a seguir. Me resultó un tanto extraño que al salir no me cruzara con nadie pero estaba molido así que me fui a casa. Aunque parezca bastante tonto de mi parte decidí no contarle nada a Ana; le dije que no sabía de que se trataba todo ese asunto porque me habían hecho una entrevista laboral común y corriente, sin suministrarme ninguna información. No debí mentirle pero no quería asustarla y el meollo eran tan intrigante que me costaba incluso explicarlo en forma inteligible. Es recién ahora, con estas líneas, que empiezo a articularlo en mi mente.
Esa noche debí haber chequeado el correo en mi ordenador unas cuatrocientas veces hasta que finalmente recibí un e-mail con remitente y asunto idéntico: Fundación Cosmic Dreams. El mensaje decía lo siguiente:
Preséntese mañana a las 22.00 hs. Muchas gracias.
Pese a la inmensa expectativa que tenía y aunque parezca poco creíble, esa noche llegue diez minutos tarde. Se trata de una olvidable concatenación de circunstancias fortuitas que sólo deciden cooperar en los momentos clave de mi vida para jugarme una mala pasada. Al llegar, mis ojos visualizaron dos cosas: una sala con alrededor de diez personas entre las que se encontraba la misteriosa mujer y las siguientes anotaciones en la pizarra:
1° Fase: Exploración y sensaciones corpóreas 2° Fase: Interacción (comunidad)
3° Fase: Movimiento en el espacio
4° Fase: Reconocimiento de señales
5° Fase: Transformación
6° Fase: Interacción con otros sujetos (visibilidad aparente)
7° Fase: Movimiento en el tiempo.
Continuará...