jueves 26 de marzo de 2009

El sueño cósmico- Cuento Parte III

Me acomodé en una silla libre que quedaba entre dos personas al fondo de la sala. Releí el contenido de la pizarra sin llegar a hilar una conexión en mi cerebro. Los dos médicos se hallaban contemplándonos en silencio. De pronto el mayor dijo:

- Una de cada diez personas experimenta la sensación de salirse de su cuerpo al menos una vez en la vida. Sin embargo, son pocos los que pueden llegar a comprender en forma cabal este hecho y menos quienes logran aprovechar realmente la experiencia. Ni hablar de la mínima proporción que puede repetir este tipo de situaciones para así poder trascenderlas y ampliarlas.
Las distintas fases que ven descriptas en la pizarra forman parte del plan de acción que llevaremos a cabo de ahora en adelante en pos de investigar las posibilidades y potencialidades del sueño cósmico. Una a una iremos trabajando estas etapas, generando así un aprendizaje y un bagaje de herramientas, conocimientos y nuevas habilidades. Podría decirse, de algún modo, que a partir de hoy nos iniciamos no en un simple y llano experimento sino en una escuela donde aprenderán de nosotros pero a la vez, donde ustedes mismos tendrán que dar cuenta de los conocimientos aprehendidos. Es un proceso de ida y vuelta y es por eso que lo primero que tienen que grabarse en la mente el día de hoy es que ustedes no son meros conejillos de indias, vacíos receptáculos de la labor científica sino co-autores del descubrimiento y agentes fundamentales de su realización.
Podemos decir con seguridad que raramente los practicantes de viajes astrales habrán llegado a los resultados a los que nosotros arribaremos. La droga que utilizaremos para nuestras sesiones, que de ahora en adelante llamaremos DP (por Dream Pill), no ha sido utilizada más que en nuestras pruebas preliminares y ha sido especialmente ideada para este tipo de propósitos. Su especial composición nos llevará en aproximadamente dos minutos a la sensación de salirse del cuerpo a la vez que potenciará la sagacidad de nuestros sentidos en el universo paralelo al que nos veamos transportados.
La mayoría de los científicos que han tratado de racionalizar el viaje astral han fracasado por la endémica miopía que existe con respecto a la forma de abordar este fenómeno. La limitación natural de nuestros sentidos se ve reforzada por la limitación cultural de nuestra mente occidental. La Fundación Cosmic Dreams, por el contrario, se plantea como un punto de encuentro científico-místico, aunando ambas cosmovisiones, ambas formas de ver el mundo, en una síntesis nueva.

Debo reconocer que sentía una especie de fascinación hacia la forma de hablar de ese médico. Ese sentimiento activaba también las paranoias siempre presentes en mí de que sus palabras no eran más que detonantes de oscuros mensajes subliminales (Sí, lo reconozco, mi vida siempre se ha caracterizado por mucha ficción y poca acción. Debe ser por eso que estoy un poco gordito). El otro médico, en cambio, empezaba a darme mala espina con su eterna sonrisa beata pero la verdad es que poco es lo que podía inferir de él porque rara vez abría la boca. Pero lo que quería decir, tras este revuelo de pensamientos, es que el médico mayor tenía una manera asombrosa de concatenar las palabras, de tejerlas en el lenguaje, como si una a una le fueran dictadas por un invisible escribiente a la vez que un versátil marionetista distorsionaba levemente su rostro sólo por delicados gestos que enfatizaban su discurso.

-Los hemos elegido –continuó el doctor- porque hemos visto en ustedes perfiles con potencialidades que podrían ser valiosas para el proyecto. Ya verán que con el paso del tiempo, cada uno de ustedes vivirá esta experiencia de una forma totalmente original. Algunos llegarán más lejos que otros en los siempre imprevisibles devenires del sueño cósmico y eso también será inevitable porque lo que podemos ver y de qué forma vemos eso que vemos depende en gran medida de cuán afinado esté el instrumento y de cuán experto sea el ejecutante. En este caso, el instrumento no es otro que nuestra mente y el ejecutante no es más que la encarnación de esa mente, eso que llamamos el yo. Porque la mente no es el yo y si nuestra capacidad mental es tan lim

¡Joder!, pensé, cada vez estoy menos seguro de qué se trata todo esto. Mi pasión por la ficción se reducía a las películas y la lectura había llegado un poco tarde a mi vida, sobre todo de la mano de Ana. Muchas de las cosas sobre las que hablaba el doctor me parecían un poco confusas aunque me hacían recordar vagamente a un pequeño libro de budismo que leí hace unos años.

Terminada la presentación, el doctor-beato nos dijo que no nos preocupáramos por las fases detalladas en la pizarra, que a su debido tiempo ya ahondaríamos en ellas. Recién entonces me distraje un segundo y pude ver la ondulada y rojiza cabellera de la misteriosa mujer (¿o sería color granate?, no lo sé, eso de las tonalidades es cosa de mujeres, los hombres sólo vemos colores primarios). En ese momento nos dirigimos a una inmensa sala llena de máquinas de todo tipo, algunas conocidas en mis escuetas incursiones al médico y otras de aspecto muy extraño, como salidas de un film de ciencia ficción. Había una que captó ampliamente mi atención y me hizo pensar en salir corriendo inmediatamente de aquel lugar. Se trataba de una especie de casco transparente con múltiples cables que salían de él. Estos a su vez se conectaban a una computadora con tres pantallas por persona. Parecía haber todo un despliegue tecnológico en ese lugar y empecé a sentirme más que en un “co-autor del descubrimiento” en una mera rata de laboratorio.

No era difícil adivinar la ubicación que me correspondía ya que las camas tenían el nombre de cada uno inscripto en la cabecera. Tomé asiento en la que me fue asignada y recién entonces me percaté que tanto la sala como la disposición de las camas tenían forma circular. El doctor-elocuente dijo que procediéramos a colocarnos el casco, del que sólo reparó en decir que era una herramienta innovadora en este tipo de experiencias. Hasta ese momento y a pesar de mis dudas, me había estado auto-convenciendo de que la decisión tomada, la de acceder al proyecto, había sido lo más acertado que podía hacer con mi vida, sin embargo, la “bizarredad” de la situación empezaba a incomodarme y a hacerme sentir como el típico tonto crédulo, al que venden chicha por limonada. A la vez, todos los participantes parecíamos tan disímiles entre sí que empecé a preguntarme si nuestra selección no seguiría los parámetros amarillistas de los reality shows, donde los participantes son elegidos sólo para representar estereotipos y generar conflictos dentro del grupo.

Ya era tarde. El mero hecho de levantarme e irme me resultaba tan vergonzoso que el miedo se convertía en el motor de mi valentía. Ese rasgo es común en mí, si me lo pongo a pensar. Las grandes decisiones de mi vida fueron motivadas por el miedo a hacer el ridículo.

Coloqué el casco en mi cráneo y sorprendentemente se adaptaba a él como si hubiera sido hecho a su medida. El interior se sentía acolchonado y los cables que colgaban no se sentían. Al lado de la cama había una mesita de luz con un vaso de agua y un cuarto de pastilla color verde. Una vez que todos nos acomodamos en el colchón –podía ver claramente a la pelirroja pues se encontraba hacia mi diagonal derecha- el doctor dijo:

- Yo sé que estáis preocupados, pero no hay nada de qué preocuparse. Todo lo contrario… Estáis por despertar a un sueño plácido y fantástico. Cada uno tiene a su lado una pastilla. Tómenla cuando lo consideren necesario pero antes pónganse cómodos. Recuéstense, arrópense, sáquense los zapatos. Empezaremos de poco… Media hora solamente. Relájense y gocen…

Tomé la pastilla, la deposité en mi lengua y con un rápido sorbo entró en el organismo. Pasó un minuto y no sentí nada. De repente algo muy extraño pasó. Algo que no me había sucedido en toda la vida.

CONTINUARÁ…

NOTA AL LECTOR:

El Sueño Cósmico comenzó siendo un cuento en tres etapas para publicar en este blog. Sin embargo, siento que el relato puede ir mucho más allá de lo que una duración tan limitada podría ofrecerme. Además, Naturaleza Ecléctica pretende ser y seguir siendo, como bien dice su nombre, un espacio que esté compuesto por elementos diversos surgidos de mi subjetividad. Es por eso que he decidido convertir a El Sueño Cósmico en una Blognovela que se publicará de ahora en más en: www.novelacosmica.blogspot.com

Las actualizaciones serán notificadas por este blog. Saludos.

3 comentarios:

Lib dijo...

Excelente nena! no hice mas que conectarme y ver que habia de nuevo. Muy buena desicion de la blognovela. Te sigo a todas partes.
Saludos desde a praia.
Muãaa

Paula Dananfer dijo...

Jaja, que orgullo me da que destines parte de tu tiempo a leerme desde lugares paradisíacos. ¡Besos!

José Ignacio dijo...

Me parece un proceso iniciático un poco extraño.
Un poco como los cursos de autoestima que te ofrecen una primera sesión gratuita para, después, sin casi percibirlo encontrarte metido hasta las cejas en algo que te atrae pero que jamás hubieras planteado vivir de tal manera.
Hasta una próxima entrega.