martes 10 de marzo de 2009

El sueño cósmico – Cuento Parte I


Otro día sin trabajo. Que hastío.

Quemarme las retinas mirando las tediosas páginas de trabajo en Internet. Competir virtualmente con cientos de candidatos anónimos tan desesperados como yo. Rellenar formularios, responder preguntas, acomodarme la corbata, chequear el aliento, esconder el tatuaje, esbozar una sonrisa prefabricada.

Cuánto quisiera hacer de mi Curriculum Vitae una obra de arte surrealista y no un frío compendio de conocimientos y experiencias. Escribir en mi perfil “Soñador empedernido busca trabajo cazando utopías” o chorradas por el estilo y adjuntar una foto riendo a carcajadas con un pitillo en la mano y el mar del fondo.

Hace unos días, sin embargo, sucedió algo extraño. Decidí comprar el periódico y chequear los avisos de empleo para sentirme como en los viejos tiempos en los que me despertaba a las cinco de la mañana para ser de los primeros en llegar a las entrevistas. En el diario encontré un aviso que llamó ampliamente mi atención y no soltó mi mente por el resto del día.

Parecía que el anuncio hubiera estado escrito para mí. Por primera vez alguien se dignaba a ampliar las posibilidades de la comunicación de una forma intrépida e intrigante. Debo reconocer que lo de “ampliar la conciencia hacia límites insospechados” era un tanto confuso y me sonaba a conejillo de indias pero de todos modos decidí emprender la aventura. No tenía nada que perder más que un par de horas que de todos modos malgastaría en alguna que otra burda distracción.

Esa noche en la cena se lo comenté a Ana, mi mujer, a quien todo el asunto le pareció un tanto escalofriante pero no por ello dejó de apoyarme como siempre lo hacía. Creo que habrá pensado que yo estaba loco al interesarme por un anuncio que seguramente estaría dirigido a pobres infelices o a amas de casa realmente desesperadas que encontrarían en esas líneas publicadas un motivo tonto y fútil al cual aferrarse. De todos modos, nada me hacía diferente (salvo el amor de Ana) a ese puñado de perdedores surgidos de su imaginación.

Al día siguiente me presenté en la Fundación Cosmic Dream. Al llegar me sorprendí de ver en el hall de entrada una fuente muy similar a la del pez en Mon oncle de Jacques Tati. Interpreté ese detalle como una señal, como habitualmente hacía con todas las cosas que me sucedían, y con una sonrisa entre dientes me pregunté si en la Fundación también encenderían el chorro de agua cuando llegan las visitas.

Rápidamente me ubicaron en una sala con otras treinta personas aproximadamente. Más que una entrevista parecía una capacitación ya que todos nos ubicamos mirando hacia un pequeño escenario. En cuanto visualicé a la gente me sentí un tanto ridículo al haber concurrido con bermudas y camisa hawaiana; la inmensa mayoría se encontraba formalmente vestida. Dios mío, pensé, la gente no usa su libertad ni aunque le sea impuesta.

Tras quince minutos de espera, salieron dos hombres en guardapolvos blancos, presumiblemente doctores. Uno tendría unos cincuenta años y un aspecto muy jovial y el otro andaría por los treinta y largos y una expresión afable. El mayor interrumpió el silencio y dijo:

-Bienvenidos a Cosmic Dream mis queridos amigos. Me imagino que la gran mayoría de ustedes estará preguntándose ¿Qué coño estoy haciendo aquí? ¿De qué se trata todo esto? Con intención de despejar sus dudas y calmar las ansiedades que se respiran en el ambiente les voy a dar una pequeña clave del motivo de su convocatoria: ustedes están aquí para aprender y aprehender ese mundo oculto que habita en los sueños y para participar de un proyecto innovador científico-místico único en el mundo.

-¿Se trata de someterse a un experimento científico? –alguien preguntó abruptamente.

-Bueno,-continuó el profesor –aquí nadie se somete a nada, en todo caso colabora. Y sí, podríamos hablar en términos de experimento científico pero a la vez hablamos de un descubrimiento que cambiará para siempre sus vidas.

El interlocutor no pareció satisfecho con la respuesta y decidió abandonar la sala. El doctor más joven sostuvo:

-Agradecería que todo aquel que desee retirarse lo haga libremente ahora pero por favor que el que decida quedarse se mantenga en su asiento hasta el final de la presentación.

Una mujer mayor se paró en forma decidida, dejando tras de ella la estela de un perfume ordinario mientras que una joven se retiró de la sala agachando la cabeza.

-Es bueno saber –retomó la palabra el profesor- que el resto de ustedes responde al menos a uno de los requisitos del anuncio: la curiosidad. La Fundación Cosmic Dream es una entidad privada científico-mística dedicada al estudio de lo que muchos llamarían viaje astral o sueño lúcido pero que en realidad presenta una gran diferencia con lo que nosotros hacemos aquí. Primero y principal, a partir de nuestras investigaciones hemos llegado a crear un componente capaz de transportarlos con un 98% de efectividad a los recovecos oníricos del viaje astral. Es decir, nuestro método no requiere de ninguna preparación previa, ni de ubicar la cama en dirección norte, ni de ejercicios de respiración, ni de hipnosis ni de la mera predisposición o suerte del participante que realice la actividad. Ya volveremos sobre este tema.
Otra diferencia importante es que al despertar seremos absolutamente conscientes de todos y cada uno de los acontecimientos que vivamos durante este sueño cósmico, como nosotros le llamamos. No tendremos un registro borroso de ellos, como ocurre generalmente con los sueños, sino que dispondremos de ese conocimiento para nuestra vida diaria. No hace falta que diga las consecuencias positivas que este hecho puede acarrear. Traten de imaginarlo por un minuto.

A esas alturas el público se hallaba atónito, siendo yo uno más de los confundidos espectadores.

-Veo sus caras de estupefacción –prosiguió el profesor tras una breve pausa- y me imagino que estarán pensando en que les voy a ofrecer la pastilla roja de Matrix. Por favor no se confundan. No hablamos de la posibilidad de salir de un mundo prefabricado para entrar en otro mundo físico sino de liberar nuestra alma. Como dijo el psicólogo cognoscitivo Jorge Olguín, el ser humano no tiene alma sino que es un alma con una envoltura física.
Creo que esta información es suficiente en esta etapa preliminar. Sólo hace falta aclarar dos cosas antes de proseguir con el proceso de selección. La primera es que el objetivo de este estudio, por el que serán remunerados económicamente, es delimitar las posibilidades de acción durante el sueño cósmico y, a su vez, establecer los efectos sobre la vida misma. El segundo tema refiere a que estaremos utilizando una droga especialmente preparada para estos propósitos. Si bien la misma fue probada en animales y humanos y no presentó efectos adversos en ellos, ustedes deben saber que hay seres que muchas veces desafían la estadística. Uno de los compuestos de la droga es la ayahuasca, un preparado vegetal producto de la planta Banisteriopsis caapi. Ayahuasca significa en quechua “la soga de los espíritus” y es utilizada por los pueblos indígenas de la Amazonia desde tiempos remotos para la comunicación con el mundo de los espíritus. De ahí la etimología de su nombre. Sin embargo, el porcentaje de esta sustancia en la droga que utilizaremos es muy baja, motivo por el cual pueden desechar desde ahora sus fantasías de entrar en trance como los chamanes.

Tras algunas risas en la sala el médico más joven dijo:

-Bueno, todo aquel que quiera quedarse para las pruebas como el que desee retirarse tendrá que firmar un acuerdo de confidencialidad, por el que serán recompensado. Por favor ubíquense a la derecha de la sala los que quieran proseguir con la entrevista y a la izquierda los que deseen retirarse.

Debo confesar que quedé petrificado al escuchar tamaño discurso. La gente se iba dividiendo en mitades, algunos con claros rostros de ofuscación, otros excitados, pero todos claramente confundidos. Sólo quedábamos un par de indecisos empotrados en sus asientos. Entonces una súbita ráfaga de valentía motivada por la atracción visual que representaba mi camisa hawaiana me llevó inesperadamente hacia el lado derecho de la sala.

CONTINUARÁ…

8 comentarios:

Karl Robeicker dijo...

Joder,dónde hay un cosmic center que me voy ahora mismo...
Una temporada me dió por leer mucho sobre viajes astrales porque tuve varios involuntarios.En ninguno de ellos tuve el control de nada aunque era consciente de lo que pasaba y luego al despertar recordaba todo.
Lo intenté varias veces por mi cuenta y nunca me salió. Después vinieron más involuntarios y analizándolos me dí cuenta que siempre pasaban cuando estaba my cansado y con falta de sueño.
Todo lo que haría si pudiese controlarlos!!!!

Mabel dijo...

Muy bueno,cada vez más creativa y original.Creo que la que amplió la imaginación hasta límites insospechados fuiste tú en este relato con mucho suspenso.Es ficticio,pero en este mundo donde la ciencia y la tecnología avanza a pasos agigantados y donde cada vez es todo más posible,tal vez no sea tan improbable algo así.Me intriga el desenlace.

Hector dijo...

Seguí escribiendo, no me dejes con la intriga . Está bárbaro.

Lib dijo...

Genial! yo tampoco dudaría en anotarme! También tengo sueños que no se si son astrales, pero que a veces no llego a reconocer si son reales o no, son demasiado palpables para ser sólo sueños. Me encanta la temática, super interesante. La mezcla de esa ficción con la realidad cotidiana lo hace realmente inquietante.
Muy bueno nena
Quiero mas!

Paula Dananfer dijo...

¡Gracias a todos!
Lo interesante es que la idea de este cuento me vino entre sueños.

gabriel liop dijo...

me dio un poco de impresion lo de la ayahuasca (soy argentino vio), pero interesante, esperamos la 2da entrega!!

José Ignacio dijo...

Proyectar nuestro ser interior fuera de los límites físicos que nos encierran debe ser una experiencia única.
Tengo entendido por libros de Castaneda que el peyote es también un psicotrópico que provoca ciertos viajes astrales.
Interesante el relato. Voy a la segunda parte.
Hasta pronto

Paula Dananfer dijo...

Leí los primeros tres libros de Castaneda y son por cierto bastante interesantes más allá del debate de si son reconstrucción de sus encuentros con Don Juan o meros artilugios literarios.