viernes 28 de noviembre de 2008

El “blanket man” de Wellington: la increíble historia del hombre-frazada

Hace mucho tiempo que la pobreza y la injusticia dejaron de sorprendernos en Buenos Aires y sus diversas encarnaciones pasaron a ser no más que elementos apenas disonantes del paisaje urbano. Ya es casi imposible realizar un viaje en subte sin que se sucedan niños vendiendo estampitas, madres cargadas de hijos pidiendo limosna, hombres mayores vendiendo chicles o incluso músicos regalándonos alguna canción.

Al salir de las arterias subterráneas de la ciudad nos encontramos frente a un fenómeno de aberrante crecimiento luego de la crisis del 2001: se trata de los cartoneros. Según estadísticas de la gobernación de la provincia de Buenos Aires, en el Conurbano Bonaerense hay unas 100 mil personas que viven de la basura. En los últimos dos años la cifra se duplicó en lo que respecta a Capital Federal: a mediados de 2006 el gobierno porteño tenía registrada la existencia de 2905 cartoneros mientras que este año la cifra asciende a 6000.

Por eso, cuando llegué a Wellington, la capital de Nueva Zelanda, una de las cosas que me sorprendió fue la ausencia de gente viviendo en la calle, de niños pidiendo algo que comer, de personas revisando la basura. Sabía que ya no estaba en el tercer mundo pero de todos modos me parecía increíble; hasta que un día lo encontré a él, el “blanket man” de Courtney Place.

Un homeless glamoroso 1

Su nombre es Ben Hana, es de origen maorí y habita las calles de Wellington desde el año 2001. No es difícil reconocerlo por dos motivos: uno porque es el único sin techo, al menos en forma en estable y visible, que habita las calles de la capital neozelandesa; dos por su particular indumentaria compuesta por taparrabos y frazada sumada a su abundante cabellera rasta.

Claro que Wellington no es Buenos Aires. Estamos hablando de una ciudad que cuenta con una población de aproximadamente 385.000 habitantes (incluyendo sus suburbios) donde la vida es mucho más fácil que aquí. Hay desigualdad, como en todos lados, pero allí los sueldos son más altos, el trabajo se consigue fácilmente y el Estado brinda gran cantidad de ayudas.

El “blanket man” reparte su tiempo entre la esquina del Burger King en la avenida comercial Courtney Place o por la peatonal Cuba Street, caracterizada por su ambiente bohemio y desestructurado pero a la vez consumista. Casi siempre se encuentra sentado en el piso, semidesnudo, hablando entre dientes y escuchando rock and roll. Hana se autodefine como”Brother” y dice ser devoto del Dios Maorí del sol Tama-nui-te-rā. Varias veces ha sido encarcelado por posesión de marihuana o por multas impagas de anteriores condenas.

Sin embargo, lo más significativo del “blanket man” es el fenómeno que se genera alrededor de su figura hasta llegar a convertirlo en uno de los personajes más conocidos, icónicos y controversiales de Wellington. Su fama ha llegado a tal punto que hoy día Ben Hana cuenta con un artículo en Wikipedia, varios perfiles en Facebook (el principal tiene más de cuatrocientos “amigos” suscriptos), una página de su club de fans, numerosos notas periodísticas y hasta un film documental sobre su vida. Y lo mejor de todo, el no movió ni un dedo para generarlo; su mera presencia en las calles actúo como disparador.

“Blanket man” en Buenos Aires

Cuando le preguntan a Ben Hana que haría si alguien le ofreciera una casa él contesta que sencillamente la vendería. ¿Y si le ofrecieran poder para hacer algo? Él responde que no quiere poder, que el poder le pertenece a la gente. ¿Qué es lo que le interesa de su estilo de vida? “Libertad, sin cuentas, sin preocupaciones”. 2

“Blanket man” no pide limosna ni revuelve los tachos de basura; eso si, si alguien le ofrece un cigarrillo acepta con una sonrisa. Después de todo, este misterioso hombre no es ni el primer ni el único ser humano que decide abandonar sus ataduras materiales y egocéntricas para vivir libremente. Claro que en la capital neozelandesa su elección no pasa desapercibida.

¿Se imaginan que esto pasara en Buenos Aires? Se podría decir que en Wellington la gente le tiene simpatía a este emblemático personaje. Pero lo que lo diferencia de nuestros sin techo es que en él prevalece un principio de elección y no de imposición. “Blanket man” decide ser homeless y por eso los jóvenes kiwis lo admiran por su rebeldía. Su destino no le es impuesto.

En cambio aquí, la gran mayoría de nuestros sin techo, indigentes y cartoneros no tienen más elección que lo que le es impuesto: la marginación, la pobreza, la falta de educación y de oportunidades. Y es en ese escaso margen de maniobra que miles de argentinos excluidos por un sistema demasiado cruel realizan quizás su única elección posible: convertirse en cartonero, vendedor ambulante, mendigo o delincuente. Yo, la verdad, me saco el sombrero ante los que optan por el camino más largo y difícil porque ante una misma situación habría que plantearse muy seriamente que opción elegiríamos nosotros.

Hace algunos meses presencié un hecho que sustrajo mi mente nuevamente a esta comparación con el “blanket man”. Un cartonero arrastraba su carro por la calle cuando repentinamente un auto dobla en la esquina a cierta velocidad y golpea con su espejo retrovisor la mano de ese hombre. El conductor, enfurecido, baja del coche e increpa el cartonero al ver que, con el golpe, había roto el precioso cristal de su espejo; mientras tanto el cartonero se queja por el dolor en su mano. Inclemente, el conductor lanza su última mirada de desprecio, sube a su auto y se desvanece en el asfalto.

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1. Homeless: sin hogar, sin techo
2.http://www.bebo.com/Profile.jsp?MemberId=3895594292 . A different way of life. Interview by Marcelina Mastarlerz.

sábado 22 de noviembre de 2008

Tamara Bunke, alias Tania, la guerrillera

Haydeé Bidel González; Victoria Pancini; Marta Iriarte; Laura Gutiérrez Bauer. Cuatro nombres y ninguna persona. Todas máscaras, personajes pertenecientes a la misma mujer: Hayddé Tamara Bunke Bider, mejor conocida como Tania, la guerrillera.

Los resortes de la historia hacen que el Che Guevara sea una viva presencia inmortalizada en la memoria colectiva a la vez que un elemento más de la fagocitadora sociedad de consumo; en cambio su contraparte femenina, la también argentina y revolucionaria que luchara junto a él, goza de una popularidad mucho menor. O al menos por ahora.

En el mes de enero se estrenará en nuestro país la segunda parte del film de Steven Soderbergh sobre el Che Guevara intitulado Guerrilla, En el mismo aparecerá el personaje de Tania retratado por Franka Potente, la actriz alemana de Corre Lola corre. Es muy posible que a partir de allí la figura de la guerrillera tome un poco más de vuelo en el aparato mediático. Que mejor entonces que rememorar un poco sobre su corta pero intensa vida

De Argentina a Alemania. De Alemania a Cuba

Corría el año 1937 en Buenos Aires cuando nace Tamara Bunke, la hija de una pareja constituida por padre alemán y madre polaca, ambos comunistas y maestros que se refugian en Argentina huyendo de la persecución nazi que azotaba a Europa. En 1952, la familia Bunke Bider decide volver a su país, más concretamente a la República Democrática Alemana, para ayudar en la reconstrucción de la nación recientemente creada.

Con tan sólo dieciocho años es admitida en el Partido Socialista Unificado alemán, Por aquel entonces aún no era conocida como Tania, nombre con el que se auto-bautizaría en honor a una combatiente anti-fascista fusilada por los nazis.

En 1960 conoce a Ernesto Che Guevara, quien se encontraba en aquel país a la cabeza de una delegación comercial de la que Tamara y su madre eran traductoras. Seguramente el revolucionario argentino se habrá quedado impresionado con ella, como así lo hicieron todos los que la conocieron. Y es que Tamara era una muchacha por demás polifacética: hablaba cinco idiomas, tocaba la guitarra y el acordeón, practicaba natación, era instructora de tiro deportivo, habiendo ganado varias medallas en esta especialidad, y era extremadamente culta y disciplinada. Muchos hablan también de unos cautivantes ojos claros y de una belleza muy personal.

Con tan solo 23 años la joven emprendedora parte rumbo a Cuba con el objetivo de contribuir con el primer país socialista de Latinoamérica. Allí comienza su leyenda: Tamara se convierte en Tania.

De Cuba a Bolivia

El 12 de mayo de 1961 Tamara llega a Cuba invitada por el Ballet Nacional a través de la prestigiosa bailarina y coreógrafa Alicia Alonso. Allí estudia periodismo en La Habana y trabaja para el Ministerio de Educación, el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos y en la dirección nacional de la Federación de Mujeres Cubanas. Por aquellos tiempos se convierte en miliciana del Comité de Defensa de la Revolución y participa activamente del trabajo voluntario a través de tareas agrícolas.

En 1963, comienza su entrenamiento para realizar trabajos de inteligencia y un año después, cuando se traslada a Cienfuegos para preparar su plan práctico operativo, conoce a quien sería el amor de su vida: el revolucionario cubano Ulises Estrada.

Tamara, ya convertida en Tania, lo describe así en una carta a sus padres:

«Bueno, ahora otra cosa: si no me roban a mi negrito antes de que yo vuelva, entonces me voy a casar. Si habrá enseguida “mulatitos”, no sé, pero sería muy posible. ¿Qué aspecto tiene? Flaco, alto, bastante negro, típicamente cubano, muy cariñoso (...). Están ustedes de acuerdo??? ¡Ah!, he olvidado lo más importante: muy revolucionario y quiere también a una mujer muy revolucionaria». 1

Sin embargo sus rumbos se separarían cuando Tania decide sumarse a la misión clandestina del Che en Bolivia. La función que le encarga Guevara era extremadamente importante y Tania debió haberse sentido muy orgullosa de que su máximo ídolo se la hubiera encomendado. Su objetivo era el de establecer relaciones con la clase política y el ejército boliviano para de esa forma preparar la red urbana de un movimiento guerrillero a nivel continental.

En 1964 parte para Bolivia convertida en Laura Gutiérrez Bauer, etnóloga, especialista en estudios arqueológicos y antropológicos. Para justificar sus ingresos comienza a dar clases de alemán a hijos de la clase alta local y de esta forma consigue realizar con sumo éxito la tarea que se le había encomendado. Teje una amplia red de relaciones con funcionarios, intelectuales, miembros de la cúpula gobernante, periodistas, artistas, dirigentes políticos reaccionarios, oligarcas y diplomáticos.

Para 1965 Tania ya tenía la radicación definitiva en Bolivia y contrae matrimonio por conveniencia con Mario Martínez, estudiante de ingeniaría eléctrica e hijo de un importante ingeniero de minas. De esta forma obtiene la nacionalidad y el pasaporte boliviano.

“Han transcurrido casi dos años, de marzo de 1964 a enero de 1966, en los que el Che le había advertido que hasta que no se le enviara un contacto directamente desde La Habana, ̀̀ por difícil que fuera su situación no debía vincularse, solicitar ayuda ni revelar su personalidad a persona, organización, o partido alguno de los conocidos por revolucionarios en Bolivia, la desconfianza sería total, general y constante΄”2

Luego de tan larga espera llega a Bolivia el 1 de enero de 1966 el supuesto representante de una importante firma de belleza conocido bajo el seudónimo de Mercy. Su misión era ponerse en contacto con Tania.

Comienza entonces la fase de preparación para la lucha armada donde Tania se constituye en una pieza clave en el desarrollo del trabajo urbano; “la idea general del Che no era de que participara en las acciones, sino que, dadas las posibilidades de conexiones en las altas esferas gubernamentales, dedicarla a la información y mantenerla como reserva, contando con alguien fiable para el ocultamiento de los guerrilleros e incluso la recepción de algún mensajero que viniese con algo extremadamente importante. El 10 de julio de 1966 Tania inició los preparativos para la llegada de los guerrilleros: alquiló casas de seguridad que pudieran servir de almacenes y preparó recipientes para el envío de mensajes cifrados.” 3

Paralelamente el Che trataba de empezar a organizar la red guerrillera en Argentina. Tania visita por tercera vez la base guerrillera de Ñancahuazú en Bolvia conduciendo al argentino sobreviviente de la guerrilla de Salta, Ciro Bustos, y al escritor y filósofo francés Regis Debray. Es entonces cuando desertores guerrilleros informan a la CIA de la presencia de Tania. No había vuelta atrás. La máscara de Laura Gutiérrez Bauer había sido descubierta y Tania se incorpora a la guerrilla.

No era este un momento desolador para ella, todo lo contrario. Se incorporaba en las filas armadas al mando de su tan admirado Che Guevara. Algunas fuentes aseguran que ambos argentinos fueron amantes durante este tiempo pero este dato nunca fue comprobado.

El Che ordena la separación en dos columnas pasando Tania de este modo a ser parte del Grupo Joaquín al mando de Juan Vitalio Acuña, formado por doce hombres y una mujer, la única presencia femenina de la guerrilla en Bolivia. Allí la estoica dama tuvo que soportar tremendas condiciones en la espesura de la selva: sin casi comer, realizaba tremendas caminatas con los pies llenos de llagas y además se dice que sufría de sangrados. Los grupos no se volverían a juntar.

El 31 de agosto Tania y su grupo resultan víctimas de una emboscada a partir del engaño de Honorato Rojas, un campesino de la región, quien los conduce por un determinado sector del Río Grande. Con la mayoría de los cuerpos de los guerrilleros sumergidos en el río, los soldados agazapados en la selva abren fuego y acribillan a los miembros de la columna del Grupo Joaquín. Una bala atraviesa el pulmón de Tania y su cuerpo queda a la deriva de la corriente del río. Aun no había cumplido treinta años.

De Bolivia a Cuba

En la actualidad los restos de Tamara Bunke y los demás guerrilleros de Bolivia reposan en el mausoleo del Che Guevara en la ciudad cubana de Santa Clara. Sus restos fueron identificados y trasladados a la isla recién en el año 1998.

Dos años después de su muerte, en 1969, la figura de Tania pareció cobrar vida por última vez. Así lo relata Mariano Rodríguez Herrera en su libro Tania, la guerrillera del Che:

“El coronel Roberto Quintanilla, quien amputó las manos del Che y en 1969 fue el asesino material de Inti Peredo, recibió tiempo después en Hamburgo, Alemania, donde se desempañaba como cónsul, a una muchacha que se identificó como alemana y quería una visa para Bolivia. Ya en su presencia, pidiendo permiso para fumar, abrió el bolso para buscar los cigarros y extrajo una pistola con la cual le disparó dos tiros al pecho, matando al coronel en el acto. Mónica Eart era militante del ELN en Bolivia y tranquilamente pasó frente a la secretaria del cónsul y salió a la calle sin que la aprehendieran. Es obvio que la militante al identificarse como alemana y querer conseguir una visa estaba emulando el papel de la legendaria Tania” 4
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1- http://64.233.169.132/search?q=cache:Ezy6rzRORU8J:www.juventudrebelde.cu/cuba/2008-08-30/tania-la-guerrillera-y-ulises-estrada-un-amor-dificil/+ulises+estrada+tania&hl=es&ct=clnk&cd=1&gl=ar

2- Rodríguez Herrera, Mariano, Tania, la guerrillera del Che, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2005.

3- http://www.antorcha.org/galeria/tania.htm

4- Rodríguez Herrera, Mariano, op. cit.

viernes 14 de noviembre de 2008

El sueño ¿premonitorio? de Rodrigo

Estábamos en Cherating, un pequeño balneario desolado de Malasia. Uno y otro turista aquí y allá. La playa larga, de interminable arena naranja y temibles aguavivas amedrentando el chapuzón. Allí no había nada; algunos hoteles abandonados a sus mejores épocas, unos tristes y enjaulados monos con pañal, la suiza que descansaba de sus ininterrumpidos treinta años viajando por el mundo.

Pero en ese lugar había una tienda y un teléfono. El mismo teléfono que le había confirmado a Rodrigo cinco años atrás que su mejor amigo se había suicidado.

Corría el año 2002 y aún faltaba tiempo para que nuestros destinos se cruzaran. Por aquel entonces, Rodrigo viajaba junto a Sophie por el Sudeste Asiático. Una noche, estando en Malasia, tuvo el sueño más vívido de toda su vida.

Los recovecos oníricos lo llevaron hasta Benidorm, un balneario de Alicante, y más específicamente al frente del edificio de Alfonso, su amigo de la adolescencia. Del balcón del departamento, testigo de sus inolvidables veraneos juveniles, sale un joven de origen chino, pasa por encima de la baranda y salta al vacío. Sin éxito Rodrigo le grita reiteradas veces que no se tire y ante el salto imparable se tapa los oídos para no oír el golpe del cuerpo, pero aún así escucha un gran estruendo. Eran alrededor de las tres de la mañana cuando despierta completamente angustiado por la pesadilla.

Al cabo de unos días, se acerca a una pequeña tienda de Cherating regenteada por una joven mujer musulmana. Desde allí llama a sus padres y se entera de lo peor: su amigo Alfonso se había suicidado. Rodrigo rompe en llanto y le cuenta a la mujer que su amigo, quien sufría de psicosis paranoide, se había quitado la vida. Ella toma el Corán y busca un pasaje que dice algo así como “los que creemos que están locos, no lo están sino que ven algo más”. Rodrigo no puede recordarlo con exactitud.

Todo cobró sentido un tiempo después cuando decidió visitar a la madre de Alfonso en Madrid. Ella le dijo que su hijo se había suicidado tirándose desde el balcón del departamento de Benidorm y que habría tenido un ataque de nervios de tal magnitud que hasta la canilla del baño estaba doblada. Al describirle Rodrigo su sueño, ella le contó que el cuerpo hizo mucho ruido al caer porque lo había hecho sobre unos cestos de basura. Comparando el sueño con el hecho real y teniendo en cuenta la diferencia horaria entre Malasia y España llegaron a la conclusión de que ambos eventos se habían producido el mismo día a aproximadamente la misma hora.

¿Cómo era posible? ¿El sueño había ocurrido antes, durante o después del hecho? ¿Se trataba de una premonición? ¿O de una comunicación telepática? ¿Era esto lo que llaman viaje astral o desdoblamiento? Que la figura de ese hombre saltando del balcón fuese la de un chino, no debería extrañar a las enmarañadas redes del subconsciente dado que una de las tres etnias presentes en Malasia es la china. Pero salvo eso, todo lo demás era exactamente tal cual había sucedido y más inquietante aún, se había producido aproximadamente al mismo tiempo.

Aunque en la respuesta a estas preguntas se hallara el quid de la cuestión, de una cosa no había dudas: algo por fuera de nuestro lineal raciocinio había penetrado en el ser de Rodrigo y dejaría su marca indeleble para siempre. Era difícil pensar que un acontecimiento como aquel se tratara de una mera coincidencia. ¿Qué clase de conexión une de esa forma a dos personas? ¿En qué plano se había producido ese encuentro? ¿Rodrigo lo había soñado o de alguna manera lo había presenciado?

Alfonso percibía de una manera lo suficientemente distinta como para que su existencia se viera sesgada por los neuropsiquiátricos, las pastillas y la incomprensión. En esa especie de isla desierta en la que desarrollaba su vida sólo se comunicaba verdaderamente con muy pocas personas y Rodrigo era una de ellas. Quizás ese sueño fuera la forma de Alfonso de decir adiós; o quizás necesitaba salir por última vez de su cosmos solitario y compartir ese momento con su amigo.

Recuerdo que cuando Rodrigo me lo contó me chocó muchísimo y aún hoy se me pone la piel de gallina cada vez que escucho esta historia. No sé qué clase de enseñanza dejará esta experiencia pero algo me dice que es bueno transmitirla. Sólo sé que hay algo del orden de lo imposible y lo mágico que afortunadamente escapa a nuestros cálculos.

Septiembre del 2007. Otra vez Cherating en la vida de Rodrigo pero esta vez conmigo en ella. Pasamos por la pequeña tienda de la joven musulmana. Allí se encuentra, tal cual él la había congelado en su mente, con algunos niños más revoloteando a su alrededor. La busca, le hace recordar. Ella viaja cinco años en el tiempo y se encuentra con esa tarde en que recitó unos versos del Corán para calmar las lágrimas de un joven extranjero. Rodrigo le da las gracias: no sabe cuán sabias y oportunas habían sido sus palabras.

sábado 8 de noviembre de 2008

La noche que la vecina dijo que no- Cuento Parte III

Irina Rainieri era su nombre… Pensar que hasta ese momento el dato no le había interesado. La policía interrumpió sus pensamientos.

-¿Conoce usted a esta mujer? –preguntó uno de los uniformados.

-No – replicó secamente.

-¿Está seguro? Porque esta joven es su vecina y el encargado del edificio dijo que ustedes se conocen.

- Ah sí, disculpe –en tono distraído- es que no sabía que ese era su nombre. Pero no la conozco realmente, sólo me la cruzo de vez en cuando voy a pasear a mi perro.

- Y cuándo se la cruza, ¿ella suele estar sola o acompañada?

- Sola.

- ¿Sabe que la última persona que entró al edificio luego de que usted volviera fue la Srita. Rainieri y que en esa ocasión entró acompañada por dos hombres robustos, con apariencia de patovicas?

- No, lo desconocía.

- ¿Sabe que la persona que llamó a la ambulancia fue una mujer?

- Tampoco lo sabía.

- Mire señor, –increpó el policía perdiendo la paciencia- no estamos para juegos, ¿puede decirnos cómo es que usted está aquí ahora? ¿Fueron esos hombres quienes lo golpearon?

- No, nunca los vi en mi vida.

-¿Y cómo explica lo sucedido?

- La verdad es que yo estaba muy borracho esa noche. En la calle levanté una prostituta y me la llevé a mi casa. No recuerdo más nada. Ni siquiera su cara.

- ¿Usted pretende que creamos eso? El encargado del edificio dijo que lo vio entrar solo –vociferó el uniformado.

-El encargado está todo el día mirando televisión y a ciertas horas ni se entera de lo que pasa a su alrededor –expresó levantando la voz.

-Tenemos mucho que hacer como para perder el tiempo con alguien que inventa mentiras poco creíbles. Si a usted no le interesa denunciar a la persona que casi lo mata es su problema.

- No, no me interesa –dijo mientras clavaba sus ojos en los del agente.

Pasaron algunas semanas hasta que salió del Sanatorio aunque a su tibia todavía le faltaba bastante más tiempo de recuperación. Caminaba lo menos posible y estaba obligado a usar muletas y no apoyar el pie de la pierna lastimada. El pobre Arturo parecía más flaco luego de su tiempo de ausencia. La casa había quedado tal cual el destrozo de esa noche. Se dirigió a la habitación esperando que aquellos hombres no hubieran encontrado lo que fueron a buscar. Levantó el almohadón de su cama; allí estaba la preciada prenda íntima, la excitante continuación metonímica de Irina Rainieri.

Decidió cambiar de estrategia. Varias noches la observó a través del visor de la puerta de entrada. De a poco esa fría y distante imagen en blanco y negro fue devolviéndolo a la obsesión con la misma intensidad de aquella dulce canción en el Cabaret. Resolvió que era el momento de volver a verla.

La alarma contra incendios comenzó a sonar estridentemente a alrededor de las seis de la mañana. Por supuesto, y a pesar de su pierna, él y Arturo fueron de los primeros en abandonar el edificio y posicionarse en la puerta de entrada. De a poco el resto de los vecinos fueron llegando envueltos en batas y camisones y finalmente apareció ella en un camisón de satén de un color rosa furioso. Cuando lo vio pareció sorprendida y no tardó en acercarse al tiempo que los bomberos entraban al edificio.

- Siento mucho lo que pasó esa noche –dijo ella con la voz vacilante

- Supongo que me lo merecía

- No, te juro que lo que pasó se me fue totalmente de las manos. Yo sólo…-se entrecortó con la mirada fija en lo pasado –yo quería que supieses que no estaba sola.

- No te preocupes, no te guardo rencor.

- Lo sé. Me sorprendí mucho cuando supe que no nos denunciaste. La policía me estuvo haciendo preguntas. Yo les dije que esos dos hombres vinieron a mi casa a tener sexo conmigo; era lo único que le iban a creer a una prostituta.

- Hiciste bien

- En serio. Lamento lo de tu pierna.

- No hay nada que lamentar, fue mi culpa el haberme comportado en forma obsesiva; realmente te debo una disculpa.

- Bueno, si hay algo que pueda hacer por vos avisame…

- Si, hay algo de hecho, pero sin compromiso. Arturo, mi perro es muy activo y necesita salir y debido a que yo casi no puedo caminar no lo estoy sacando. Si no te molesta alguna vez darle un paseíto te estaría muy agradecido.

- Si, si no hay problema, por supuesto –respondió sorprendida

En ese momento los bomberos salieron indicando que el incendio había sido una falsa alarma. Todo resultó mejor de lo planeado, pensó.

Las semanas pasaron y los días se sucedieron con mucha excitación. Ella iba periódicamente a buscar al perro y de poco la confianza fue creciendo entre ellos. Él nunca le invitaba a pasar por temor a sembrar desconfianza y el tema de la bombacha parecía haber quedado en el pasado. Al poco tiempo él medico lo habilitó a estar sin muletas y le puso un taco en el yeso para que pudiera apoyar el pie al caminar. Ya se sentía bien como para salir con Arturo él mismo.

Ese día se dirigió al departamento de ella a avisarle las buenas nuevas. Tocó el timbre, la mirilla se movió y luego la puerta fue abierta.

- Hola Irina. Sólo quería decirte que ya no voy a usar las muletas así que creo que voy a poder pasear al perro por mí mismo. Quería darte las gracias, y en símbolo de mi agradecimiento, te devuelvo algo que no me pertenece.- le extendió una minúscula bolsa de cartón con un obvio contenido en su interior.

- Bueno, gracias –dijo un tanto incómoda.

- No te molesto más, me voy.

En el momento de darse vuelta, cayó torpemente al piso y soltó un alarido.

- Dejame que te ayude –dijo ella en tono de preocupación.

- Perdón es que no domino bien esto de estar sin muletas aún. Pero por favor no me levantes, me duele mucho –suplicó.

- Vení, entrá así te recostás un poquito en el sillón y te traigo un analgésico.

Arrastrándose llegó hasta el pequeño sillón que estaba cerca de la puerta de entrada. Cuando ella volvió, para su sorpresa, él estaba lloriqueando. Nunca lo había visto así, tan desprotegido, todo lo contrario, siempre daba la impresión de ser una persona fuerte y poco sensible. Un súbito sentimiento de ternura la habitó. Ella se agachó junto a él y le alcanzó el vaso. En ese momento, entre sollozos, bebió el agua, giró el torso y la abrazó. Se mantuvieron en esa posición por algunos segundos hasta que la joven sintió un tremendo, filoso y agudo dolor en su espalda. Lo soltó y entonces vio el cuchillo que esta vez se dirigía a su corazón. Su cuerpo cayó sobre la alfombra y de pronto, con suma claridad, reconoció el rostro de ese hombre como la primera vez que lo había visto. Comprendió que siempre había sido el mismo y en lo tonta que fue en olvidar su primera impresión.

Satisfecho con el resultado del plan, se levantó y rápidamente culminó su tarea. Se acercó a la joven ya sin vida, le sacó la pollera y le abrió las piernas; una hermosa bombacha blanca de encaje cubría su sexo; se alegró ante el descubrimiento. Retiró de su bolsillo un pequeño sobre de plástico con una maquinita de afeitar dentro de ella. Sacó la bombacha, afeitó el pelo púbico con extremada delicadeza y lo puso en el sobre junto a la ropa interior. Volvió a guardar el envoltorio en su bolsillo y se marchó.

Al llegar a la casa descolgó el cuadro frente a su cama y abrió la caja fuerte que se hallaba detrás de el. Srita. Irina Rainieri, escribió en la etiqueta pegada en el sobre. Luego, depositó la pequeña bolsa de plástico dentro de la caja, entre las bolsas de otras mujeres que amanecieron muertas, depiladas y sin ropa interior.

Fin

martes 4 de noviembre de 2008

La noche que la vecina dijo que no – Cuento Parte II

Salió apresuradamente del cabaret, con un apuro cargado de nerviosismo y sospecha. Para su sorpresa, el cielo límpido se había transformado en lluvia torrencial y el cuida coches ya no lo esperaba para recibir su paga. Comenzó a manejar automatizado, con la mente en blanco de tanta excitación. De pronto recordó que tenía la bombacha en el bolsillo; sostuvo el volante con su mano izquierda y con la otra atrajo la sensual prenda hacia su nariz. Estuvo así por largo rato, dejándose llevar por el delicado perfume que funcionaba como la metonimia perfecta de su objeto de deseo.

Cuando llegó al departamento el perro se hallaba más excitado de lo habitual. Pensó en sacarlo a pasear pero luego decidió acostarse un rato hasta la hora en la que ella llegaba. Arturo no paraba de ladrar por lo cual le fue imposible conciliar el sueño. Se abrió el pantalón y comenzó a frotar la prenda íntima contra su sexo. Mientras tanto tarareaba mentalmente la canción que había sido cantada tan sólo para él. Sus párpados se llenaron de purpurina violeta mientras ella se acuclillaba suplicante mirándolo con ojos inocentes. Arturo comenzó a ladrar cada vez más fuerte y el perfecto mundo violáceo fue diluyéndose de a poco. De pronto el timbre sonó. Eran las cuatro de la madrugada.

¿Quien sería a esa hora? Por un segundo pensó que podría ser ella que venía a disculparse pero luego se percató de que era demasiado temprano. El perro no paraba de moverse con evidente nerviosismo de un lado a otro del hall de entrada. Miró por la mirilla de la puerta. Era ella. Su corazón se entregó a una repentina taquicardia y con la voz entrecortada alcanzó a decir –Un momento por favor. -Rápidamente llevó a Arturo al baño y lo encerró allí para que no molestara. Mojó el escaso pelo que los genes le habían deparado, cerró la bragueta y abrió la puerta.

La dulce dama que se entregaría a sus brazos se había convertido en una fiera temperamental pero no por eso, menos hermosa.

-Te lo voy a decir una sola vez, quiero que me des lo que me sacaste

-Vení, pasá por favor, te preparo un café que debés estar cansada- murmuró en un tono demasiado suave para la conversación.

-A ver si me entendés –replicó con exasperación -no me importa ni tu café ni tu compañía, sólo quiero que me devuelvas lo que me robaste

- Por favor, pasá y ponete cómoda, yo vengo en un segundo

. Está bien, pero dejá la puerta abierta

La joven entró al espacioso departamento y tomó asiento en uno de los sillones de cuero negro que se encontraban dispersos por el salón. El perro no paraba de ladrar tras la puerta del baño. Había algo raro en ese lugar, pensó; aunque debía reconocer que era una continuación de la persona que lo habitaba. No se podía negar que el departamento era bonito y decorado con muy buen gusto pero había algo chocante en la forma de acomodar los muebles, en el tipo de objetos decorativos, en la nulidad de fotos o elementos personales. Daba la sensación de ser un hogar despersonalizado, tanto como la mirada de ese hombre.

Para su sorpresa, cuando él llegó no era la bombacha lo que traía entre sus manos sino un café y tres billetes de cien dólares que tiró sobre la mesa.

-Supongo que no viniste por la bombacha –dijo con un repentino brote de seguridad.

Atónita ella respondió mientras se ponía de pie –No quiero tu dinero

-Vamos, yo se que esto es lo que te llevás por noche.

Furiosa le pegó una cachetada que le hizo sangrar la nariz - ¡Que me des lo que robaste! -gritó fuera de sí.

Descontrolado se abalanzó sobre ella y comenzó desesperadamente a besarle el cuello mientras metía la mano por entre sus piernas. Ni bien la joven lanzó su primer grito de ayuda, él comprendió la razón por la cual ella le había pedido que la puerta quedara abierta. La misma se cerró de un portazo y entraron dos corpulentos hombres que reconoció como los guardias de seguridad del cabaret. Lo tomaron por la espalda y lo tiraron al piso. Él quiso levantarse pero de un golpe le partieron la nariz que esta vez empezó a sangrar a borbotones. No alcanzó siquiera a decir una palabra ya que le costaba mucho respirar luego de las patadas que le pegaron en el estómago mientras se hallaba tendido en el piso. Ella gritaba que lo dejaran pero los dos patovicas estaban fuera de sí y más se ensañaban con él. Cuando parecieron calmarse, uno de ellos levantó la pierna y la dio un terrible pisotón en la tibia. El dolor fue tan agudo que se tradujo en un aluvión de lágrimas. Entre los llantos y reproches de ella abandonaron el departamento. Media hora de agonía más tarde, se arrastró hasta la puerta cuando el timbre volvió a sonar. Esta vez era la ambulancia.

Pasaron tres días de un estado de semiinconsciencia onírico y cuando despertó estaba en la sala del Sanatorio. Tenía la pierna enyesada e inmovilizada, la nariz vendada y una faja alrededor del torso. Al poco tiempo vino la enfermera. Al verlo despertar le dio la bienvenida y le dijo que había estado inconsciente pero murmurando cosas extrañas y frecuentemente con los ojos abiertos. Le dijo también que iba a tener que estar un tiempo más en el hospital y que no se preocupara por el perro porque había quedado bajo el cuidado del encargado del edificio.

Poco antes de caer la noche el médico se acercó y dijo: -Ya se habrá dado cuenta que a raíz del incidente sufrió fractura de nariz, de tibia y de una costilla. Tiene usted mucha suerte de seguir vivo porque la costilla estuvo muy cerca de perforar el pulmón.- hizo una breve pausa y luego prosiguió. –La policía esta aquí, quieren hacerle unas preguntas. -Segundos más tarde dos hombres uniformados se acercaron a la camilla donde él se encontraba. -Disculpe señor que vengamos a interrogarlo en este momento. Pero es importante para la investigación de lo sucedido. ¿Qué relación tiene usted con Irina Rainieri?

Continuará...