viernes 28 de noviembre de 2008

El “blanket man” de Wellington: la increíble historia del hombre-frazada

Hace mucho tiempo que la pobreza y la injusticia dejaron de sorprendernos en Buenos Aires y sus diversas encarnaciones pasaron a ser no más que elementos apenas disonantes del paisaje urbano. Ya es casi imposible realizar un viaje en subte sin que se sucedan niños vendiendo estampitas, madres cargadas de hijos pidiendo limosna, hombres mayores vendiendo chicles o incluso músicos regalándonos alguna canción.

Al salir de las arterias subterráneas de la ciudad nos encontramos frente a un fenómeno de aberrante crecimiento luego de la crisis del 2001: se trata de los cartoneros. Según estadísticas de la gobernación de la provincia de Buenos Aires, en el Conurbano Bonaerense hay unas 100 mil personas que viven de la basura. En los últimos dos años la cifra se duplicó en lo que respecta a Capital Federal: a mediados de 2006 el gobierno porteño tenía registrada la existencia de 2905 cartoneros mientras que este año la cifra asciende a 6000.

Por eso, cuando llegué a Wellington, la capital de Nueva Zelanda, una de las cosas que me sorprendió fue la ausencia de gente viviendo en la calle, de niños pidiendo algo que comer, de personas revisando la basura. Sabía que ya no estaba en el tercer mundo pero de todos modos me parecía increíble; hasta que un día lo encontré a él, el “blanket man” de Courtney Place.

Un homeless glamoroso 1

Su nombre es Ben Hana, es de origen maorí y habita las calles de Wellington desde el año 2001. No es difícil reconocerlo por dos motivos: uno porque es el único sin techo, al menos en forma en estable y visible, que habita las calles de la capital neozelandesa; dos por su particular indumentaria compuesta por taparrabos y frazada sumada a su abundante cabellera rasta.

Claro que Wellington no es Buenos Aires. Estamos hablando de una ciudad que cuenta con una población de aproximadamente 385.000 habitantes (incluyendo sus suburbios) donde la vida es mucho más fácil que aquí. Hay desigualdad, como en todos lados, pero allí los sueldos son más altos, el trabajo se consigue fácilmente y el Estado brinda gran cantidad de ayudas.

El “blanket man” reparte su tiempo entre la esquina del Burger King en la avenida comercial Courtney Place o por la peatonal Cuba Street, caracterizada por su ambiente bohemio y desestructurado pero a la vez consumista. Casi siempre se encuentra sentado en el piso, semidesnudo, hablando entre dientes y escuchando rock and roll. Hana se autodefine como”Brother” y dice ser devoto del Dios Maorí del sol Tama-nui-te-rā. Varias veces ha sido encarcelado por posesión de marihuana o por multas impagas de anteriores condenas.

Sin embargo, lo más significativo del “blanket man” es el fenómeno que se genera alrededor de su figura hasta llegar a convertirlo en uno de los personajes más conocidos, icónicos y controversiales de Wellington. Su fama ha llegado a tal punto que hoy día Ben Hana cuenta con un artículo en Wikipedia, varios perfiles en Facebook (el principal tiene más de cuatrocientos “amigos” suscriptos), una página de su club de fans, numerosos notas periodísticas y hasta un film documental sobre su vida. Y lo mejor de todo, el no movió ni un dedo para generarlo; su mera presencia en las calles actúo como disparador.

“Blanket man” en Buenos Aires

Cuando le preguntan a Ben Hana que haría si alguien le ofreciera una casa él contesta que sencillamente la vendería. ¿Y si le ofrecieran poder para hacer algo? Él responde que no quiere poder, que el poder le pertenece a la gente. ¿Qué es lo que le interesa de su estilo de vida? “Libertad, sin cuentas, sin preocupaciones”. 2

“Blanket man” no pide limosna ni revuelve los tachos de basura; eso si, si alguien le ofrece un cigarrillo acepta con una sonrisa. Después de todo, este misterioso hombre no es ni el primer ni el único ser humano que decide abandonar sus ataduras materiales y egocéntricas para vivir libremente. Claro que en la capital neozelandesa su elección no pasa desapercibida.

¿Se imaginan que esto pasara en Buenos Aires? Se podría decir que en Wellington la gente le tiene simpatía a este emblemático personaje. Pero lo que lo diferencia de nuestros sin techo es que en él prevalece un principio de elección y no de imposición. “Blanket man” decide ser homeless y por eso los jóvenes kiwis lo admiran por su rebeldía. Su destino no le es impuesto.

En cambio aquí, la gran mayoría de nuestros sin techo, indigentes y cartoneros no tienen más elección que lo que le es impuesto: la marginación, la pobreza, la falta de educación y de oportunidades. Y es en ese escaso margen de maniobra que miles de argentinos excluidos por un sistema demasiado cruel realizan quizás su única elección posible: convertirse en cartonero, vendedor ambulante, mendigo o delincuente. Yo, la verdad, me saco el sombrero ante los que optan por el camino más largo y difícil porque ante una misma situación habría que plantearse muy seriamente que opción elegiríamos nosotros.

Hace algunos meses presencié un hecho que sustrajo mi mente nuevamente a esta comparación con el “blanket man”. Un cartonero arrastraba su carro por la calle cuando repentinamente un auto dobla en la esquina a cierta velocidad y golpea con su espejo retrovisor la mano de ese hombre. El conductor, enfurecido, baja del coche e increpa el cartonero al ver que, con el golpe, había roto el precioso cristal de su espejo; mientras tanto el cartonero se queja por el dolor en su mano. Inclemente, el conductor lanza su última mirada de desprecio, sube a su auto y se desvanece en el asfalto.

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1. Homeless: sin hogar, sin techo
2.http://www.bebo.com/Profile.jsp?MemberId=3895594292 . A different way of life. Interview by Marcelina Mastarlerz.

3 comentarios:

Gabriela dijo...

Yo tambien presencie un hecho que me dejo pensando y me mostro lo ignorados que son a veces .
Un cartonero juntando cosas se corto un dedo con una botella.
Cuando yo lo vi chorreaba sangre desde su mano y nadie lo ayudaba ,a pesar de que estaba en la puerta de un supermercado y todos lo miraban.
Volvi a mi casa y ahi agarre gasas y alcohol en gel para que por lo menos frenara su hemorragia.

karl Robeicker dijo...

Interesante historia,me imagino que si en las calles de Wellington empezasen a crecer los blanket man la cosa sería distinta,el fenómeno pasaría de ser admirado a ser despreciado...
India es un país en el que se pueden ver los dos extremos de los que hablas: el de elección y el de la imposición. Por el sistema de castas se forman las clases sociales,es decir es impositivo ya que alguien nace en una determinada casta debido a sus actividades en la vida pasada. Así uno puede nacer en el seno de una familia de doctores y otro en una de mendigos o de comedores de perros (así se llama a la resaca de la sociedad, que no pertenecen a ninguna casta).Miles de familias viven literalmente en la basura pero todos entienden el por qué de su situación,para muchos de ellos no hay injusticia en este sistema.
Luego la sociedad tambien se divide espiritualmente en cuatro órdenes,que no son impositivos sino de eleción para un progreso espirital con el fin de liberarse de este mundo material. Así los 2 últimos órdenes pasan por renunciar a todo lo material,peregrinando a sitios sagrados,viviendo de lo que venga, cultivando tu relación con lo espiritual,entendido por ellos como lo contrario a lo material..
Por eso en India puedes ver en el metro, el desprecio hacia un sintecho y respeto por un Shadu (maestro espiritual).
Es dificil renunciar a algo que no se tiene o nunca se tuvo, no?

xavier dijo...

Así estamos y así somos.